Cuba sangra en silencio. Cada día, cada hora que pasa, la vida de millones de cubanos se apaga bajo el peso de un sistema que no da más. El comunismo, presentado hace más de seis décadas como promesa de justicia, se ha convertido en una pesadilla nefasta e interminable. Hoy, más que nunca, resuena el clamor de un pueblo cansado y agobiado: ¡Basta ya!
Los estómagos vacíos, los hospitales sin personal médico, farmacias sin medicinas, las familias desgarradas por los apagones y el exilio, los jóvenes sin futuro y ahora como signo de enajenación engullidos en las drogas y la prostitución … todo grita a viva voz que este modelo fracasó.
No es sólo una crisis económica, es una crisis moral, estructural e Institucional. La represión, el miedo y la mentira han erosionado la dignidad de una nación que un día soñó con la libertad verdadera.
Vivimos hoy en una noche larga y oscura, una pesadilla que parece no tener fin. Pero en medio de esa oscuridad se alza un clamor en modo oración de petición: “Señor, con tu inmenso Poder, haz que esta noche de pesadilla que abruma mi tierra desaparezca para siempre.” Esa súplica no es sólo un rezo; es también un llamado a la conciencia, a la valentía, a la acción de cada uno actuar en conciencia por un cambio real.
Cuba necesita urgentemente despertar del cruel letargo en el que se encuentra. Necesita que sus hijos dentro y fuera de la Isla se levanten con valor, que el miedo se rompa, que la verdad se abra paso. No hay futuro sin libertad, y no habrá libertad mientras el comunismo y sus secuaces sigan oprimiendo el alma de nuestra nación.
Que esta invocación no se quede en palabras, sino que sea el inicio de una fuerza moral y espiritual imparable. Señor, con tu inmenso Poder, acompaña a tu pueblo en esta hora crítica; ilumina a quienes luchan por la verdad; fortalece a los que resisten y da a nuestra Isla el amanecer de la justicia y la libertad.
Porque, bien sabes Tú Señor mío, que Cuba no aguanta más. Ya es hora de que la noche termine y el día de libertad amanezca.