Tras los derrumbes y retornos del fascismo tropical estamos en el año 2021, justo cuando se cumple el Bicentenario de la Independencia de España, hecho incuestionablemente portentoso entre el pasado medieval y la postmodernidad, entre el encuentro de dos mundos disonantes, diferentes y diversos: El viejo mundo europeo y la América india que en conjunto gestaron las rutas del devenir de la humanidad.

Fascismo Tropical es esa mutación del comunismo jinetero castrista al orteguismo sandinista tiranico, al chavismo criminal o al evomoralismo promotor del racismo indigena y sus fosilizadas expresiones del marxismo cultural acuarteladas en el Foro de Puebla, tras la fracasada Biblia sociológica que por décadas fue el libro de cabecera de muchos latinoamericanos, “Las venas abiertas de América Latina”de Eduardo Galeano, tras los ropajes exploratorios turísticos de considerar a algunas ciudades del Subcontinente de gozar la plenitud de “eternas primaveras” o exóticos parajes considerados las suizas centroamericanas, tras el repunte de nuevos vicios populistas de izquierdas trogloditas y malas derechas y amenazas contaminantes de la irracionalidad humana incapaz de prever las tormentas que se avecinan al preferir votar masivamente en procesos electorales por candidatos con sistemas vergonzantes y derruidas, tras la geopolítica comparada entre una América anglosajona y otra hispana en la que no faltan los imprevistos gramaticales del complejo social y la escenografía migratoria e indocumentada, en un cruce social inestable del cual no se logra superar con creces la pobreza.

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Pero pese a estos antecedentes, si le sumamos los desgastados resoplidos de algunos gobernantes como el mexicano Manuel Lopez Obrador o tiranuelos como Ortega o el recién estrenado sombreron peruano Pedro Castillo, pidiendo perdón y acusando a España de los desparpajos del saqueo del oro y los atropellos que se cometieron, que sí sucedieron desde la dialéctica de toda conquista pero con lo cual no se gana nada a más de 5 siglos de haberse dado, a no ser el atizar un fuego insolvente y trasnochado al que ellos recurren con una alta dosis de resentimiento social y de justificación de sus fechorías en sus cargos actuales, esta fecha está pasando sin mayores revuelos como otras grandes efemérides, además del espanto de los tiempos actuales pamdemizados y cooptados por las grandes deficiencias, desigualdades y crisis a los que esta región iberoamericana enfrenta.

En países como Nicaragua más aún, con una sociedad acallada y reprimida, y con un régimen enfrentado incluso al gobierno de la propia España a pesar de provenir ambos de la izquierda, acontecimientos como este con las actitudes planteadas, no gozan de ningún espíritu reflexivo o contemplativo.

La dura realidad se impone con su pesada carga de terror, exilio y represión social.

Sin embargo, este magno acontecimiento debe ser parte de una agenda encubierta en el espíritu ciudadano, para aspirar a un deseo imperativo y patriótico de salir de esta pesadilla social y visualizar el advenimiento de una nueva vida, democrática y libre en igualdad de oportunidades para todos, merecida ante tanta frustración, ante tanta cultura estacionaria desde el pasado caudillista de la Colonia icónicamente interpuesto por Pedrarias Dávila hasta la actualidad.

Después de todo, España nos revistió de una lengua hermosa y poética, de un catolicismo que pese a sus errores también es cierto que a través de sus frailes y demás enviados de la Iglesia Católica, se desprendieron grandes dotes de humanismo contra la barbarie de algunos de los propios colonizadores. España, la misma de Cervantes y Gongora, de la paella y el pasodoble, de Mocedades y Nino Bravo reiterando en su canción que cuando Dios hizo el Eden, pensó en America.

Este monumental hecho histórico no debe ser desaprovechado por las nuevas generaciones, pues simboliza una gran oportunidad para reinventar, imaginar y crear la Nicaragua que queremos, un día del cual no estaremos tan lejos, en ese ansiado proyecto de nación que no deja de ser un sueño para edificar, construir y reorganizar nuestras vidas, una vez traspasado el umbral del ponzoñoso fascismo tropical al fecundo universo de la libertad.

* El autor es poeta y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos, columnista internacional y Canciller de la Academia de Literatura Moderna en Estados Unidos, capítulo Florida. El artículo fue originalmente publicado en el medio "La Prensa"

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