La dictadura de Cuba se ha expandido en siglo XXI estableciendo su sistema de terrorismo de Estado y violación institucionalizada de derechos humanos en Venezuela, Bolivia y Nicaragua. El castrismo del siglo XX, convertido en castrochavismo o socialismo del siglo XXI, controla además varios jefes de gobierno en países democráticos de las Américas, situación probada por acciones internas y de política exterior. La evidencia más reciente es la subordinación de Chile, por acción directa del presiente Gabriel Boric, a la política exterior castrochavista contra Israel.

Chile reconoció la independencia de Israel en febrero de 1949 y desde entonces sus relaciones bilaterales han sido sólidas y crecientes. Ambos países tienen decenas de convenios bilaterales, intercambio comercial, colaboración militar, relaciones diplomáticas desde 1950. Cuando el embajador de Israel se presentó en el palacio presidencial en Chile para entregar sus cartas credenciales junto a otros diplomáticos, el 15 de septiembre, “el presiente Boric decidió aplazar el acto solo para él”. Una acción “sumamente grave, desconcertante y sin precedentes…que afecta seriamente las relaciones entre los países”.

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Esta agresión internacional no corresponde a la política exterior de Chile como Estado independiente, más parece un acto de intervención política trasnacional que ubica a Chile como un satélite del socialismo del siglo XXI o castrochavismo, porque este país no tiene ninguna razón ni precedente de interés nacional para proceder así. Acciones de este tipo forman parte de la política exterior de las dictaduras del socialismo del siglo XXI.

El castrochavismo es el fenómeno criminal más notable de las Américas en el siglo XXI, que se inició con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999 cuando rescata y se asocia con la dictadura de Cuba, que agonizaba en su periodo especial. Chávez dio dinero y petróleo a la única dictadura que quedaba en la región al terminar el siglo XX. Cuba aporta la metodología de control y conspiración criminal y juntos ponen en marcha el populismo bolivariano rápidamente convertido en castrochavismo.

El socialismo del siglo XXI auspicia y promueve candidatos en todas las elecciones y aprovechando e impulsando el fraccionamiento de los partidos democráticos convierte minorías relativas en mayorías absolutas. Así las presidencias de México, con López Obrador, y Argentina, con Fernández/Kirchner, denotan hoy gobiernos con rasgos dictatoriales. Recientemente las presidencias de Perú, con Pedro Castillo, Chile, con Gabriel Boric, y Colombia, con Gustavo Petro. En ninguno de estos casos logra destruir la democracia que se defiende por su solidez en libertad de prensa, estado de derecho, independencia de la justicia y oposición política.

Operando el castrochavismo, la dictadura de Cuba implementa una política internacional caracterizada por: el “respaldo pleno a la dictadura cubana” y su victimización; la proclamación del “fracaso de la lucha contra el narcotráfico” para favorecer y proteger a los narcoestados/dictaduras que lidera Cuba y que integran los regímenes de Venezuela, Bolivia y Nicaragua; la “impunidad dictatorial” con el reconocimiento de la dictadura de Venezuela, acciones para normalizar la dictadura de Nicaragua y sostener la simulación de democracia en Bolivia; “señalamientos y agresiones a Israel” respaldando grupos internacionalmente reconocidos como terroristas; “antiimperialismo con favorecimiento a violaciones de derechos humanos” por dictaduras y organizaciones terroristas.

La dictadura de Cuba tiene desde hace décadas una posición anti Israel, que incluyó la ruptura de relaciones en 1973, su participación militar en la guerra de Yom Kippur enviando tropas y equipo a Siria. Luego de la desaparición de la Unión Soviética se acotó, pero con el castrochavismo y relaciones con grupos terroristas Cuba fue incluida nuevamente el año 2021 en la lista de “países patrocinadores del terrorismo internacional”. Informes de 2020 dan cuenta de que Cuba “directamente o a través de Venezuela continúa procurando inteligencia a Hamas y Hezbolá”.

El control de Cuba sobre las dictaduras de Venezuela, Nicaragua y Bolivia ha marcado posturas anti Israel. La dictadura de Venezuela rompió relaciones con Israel el año 2008 e Israel ha reconocido a Juan Guaidó como presiente legítimo de Venezuela. El año 2009 Evo Morales rompió las relaciones de Bolivia con Israel, que fueron reestablecidas por el gobierno interino el 2020. Nicaragua suspendió relaciones con Israel el 2010 y las repuso el 2017.

La realidad objetiva muestra el presiente Boric ha roto la tradición diplomática chilena, sometiendo a su país a la política exterior castrochavista respecto a posturas de agresión recurrentes contra Israel, en el camino ya seguido por los regímenes satélites de la dictadura.

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