El segundo párrafo del primer artículo de la Declaración de Independencia de Estados Unidos recoge el derecho a ser feliz, como uno de sus principios fundamentales.

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“Sostenemos por sí mismas como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad”, según reza la Carta Magna.

Fue Benjamin Franklin quien precisó que “la Constitución de Estados Unidos no garantiza la felicidad per se, pero sí el derecho de cada persona a conquistarla, en tanto que el gobierno es responsable de proteger ese derecho”.

No es casualidad, que ante tales aspiraciones, ciertos países buscaran reflejar los ideales estadounidenses en sus propias constituciones luego de su independencia, como Venezuela en 1811, México en 1824, la Federación Centroamericana en 1825 y Argentina en 1826.

Una idea complementaria surgió durante la Gran Depresión (1929-1933), cuando James Truslow Adams acuñó la frase "El Sueño Americano", en su libro Epic of America, en 1931.

“... también ha existido el sueño americano, ese sueño de una tierra en la que la vida debería ser mejor, más rica y más plena para cada hombre, bajo una democracia justa y equitativa, según la capacidad de cada uno”..

Esta idea sobre la consecución de la felicidad está profundamente arraigada en la sociedad estadounidense y ha permeado el discurso político.

El presidente Franklin D. Roosevelt, en su intervención sobre el Estado de la Unión de 1944, relacionó la búsqueda de la felicidad con poseer una vivienda digna, un buen trabajo, educación y atención médica.

Por otra parte, Harry S. Truman redondeó el sueño al decir. “Si se trabaja duro y se siguen las reglas, el gobierno debe garantizar la seguridad financiera, la educación, la atención médica y un hogar”.

Apelando al imaginario colectivo, el demócrata Bill Clinton y el republicano George W. Bush continuaron apoyando el derecho a la vivienda propia como parte del sueño americano, mientras que Barack Obama extendió el sueño a la atención médica con la Ley de Cuidado de Salud a bajo costo.

De igual manera, el actual vicepresidente Mike Pence recreó la misma noción cuando, durante una entrevista en 2019, dijo que el sueño americano estaba desapareciendo hasta que Donald Trump llegó al poder en 2017.

“Las políticas de Trump están generando empleos y aumentando los salarios a un ritmo más rápido y para todos" -añadiendo que -"es una evidencia de que el sueño americano está regresando”.

Seguramente la felicidad no es igual para todos, pero no hay duda de que ahora, más que nunca, Estados Unidos necesita volver a inspirarse en esos ideales, y qué mejor escenario para conectar la ilusión con la realidad que la oportunidad de una elección presidencial.

Dado que se espera que más estadounidenses voten por correo postal este año, debido a los temores por el coronavirus, el Servicio Postal desempeñará un papel central en el proceso.

Votar por correo postal no es nada nuevo y aunque en las últimas semanas se han producido algunas quejas sobre retrasos en las entregas, el Servicio Postal ha confirmado su amplia capacidad para entregar el correo electoral de manera puntual y segura a pesar de enfrentar problemas financieros de larga data.

Mientras el presidente Donald Trump es de la opinión que la votación por correo postal provocaría “fraudes generalizados”, legisladores demócratas interrumpieron su receso de verano para volver a Washington y pedir audiencias para tratar el tema, algo que no hicieron ni por un nuevo proyecto de ley de estímulo para mantener las empresas, las escuelas y las familias a flote.

Entonces, ¿será que la felicidad puede llegar por correo postal?

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