@navarroadris

“Me costó más de dos semanas hacerme esa pregunta, tras conocer a un hombre en la red, concretamente en una página para encontrar pareja. Sus fotos eran las de un hombre atractivo de unos 40 años, un militar destinado en Nigeria. Comenzamos tímidamente a chatear, después nos intercambiamos teléfonos, para comunicarnos por whatsapp, y a partir de ahí todo fue una mentira”, me confesaba Gaby, arquitecta de 38 años.

“Al principio son pequeños detalles que no cuadran. Por ejemplo, cosas que le gustan y que a los días ni recuerda, datos en los que se contradecía, pero que no llegas a dar importancia. Mirando atrás es cuando me percato como él me preguntaba demasiado, y sin embargo decía muy poco sobre sí mismo. Sus mensajes me hacían sentir muy especial y más en un momento complicado de mi vida, ya que justo había cortado con mi novio”, relataba Gaby.

Con cara muy seria me seguía contando como, poco a poco, se fue haciendo adicta a sus mensajes y como cada mañana revisaba su teléfono esperando ansiosa noticias de él y la foto del día. Religiosamente tenía una foto de él cada mañana al despertar. Pero le extrañaba un poco que no quisiera hablar por teléfono y que en ocasiones pareciera ser de dos nacionalidades diferentes por la forma de expresarse. Igual todo lo pasaba por alto hasta que un día "me pidió dinero”, dijo con tristeza. 

Y recuerda: “Empezó con un ‘he tenido un mal día. Aquí no hay buena conexión de internet, mi teléfono no funciona y quisiera pedirte que me ayudes a solucionarlo mandándome un teléfono nuevo o dinero para comprármelo’. Me quedé tan cortada que dudé en hacerlo, pero le dije que no y ahí comencé a sentir muchas dudas. El seguía escribiéndome muy cariñoso y al cabo de los días volvió a insistirme en que necesitaba dinero”.

Ante lo ocurrido nuestra protagonista decidió comprobar algunos de sus datos por internet. Tenía su nombre, fotos y un correo electrónico. Herramientas suficientes para comenzar. Como en teoría su “amor virtual” era militar, se le ocurrió ir directamente a páginas web del Ejército. Entró en una llamada armywife101.com, que atiende la esposa de un militar, en la que mencionaban el término catfished.

Intrigada, descubrió que esta palabra hace referencia a quienes son engañados en la red por personas que no son quienes dicen ser. En ocasiones se trata de verdaderas mafias que roban la identidad de otros individuos, como soldados ya fallecidos. Usan sus fotos, se hacen pasar por ellos y contactan chicas para sacarles dinero. En esa misma página Gaby encontró algunas sugerencias interesantes, como insertar las imágenes de perfil del supuesto estafador en google images. Al hacerlo sus fotos aparecieron inmediatamente en otras páginas de internet de búsqueda de parejas y en diferentes páginas de Facebook pero con datos personales completamente diferentes.

Et voilà, ¡Todo fue una mentira! La página web también sugería solicitar al “soldado” su MOS (Military Occupational Specialty Code, es decir, su número de identificación en el Ejército) y también revisar webs de soldados fallecidos.

“Esperé que volviera a contactar conmigo y le dije directamente, sin rodeos, todo lo que había encontrado ¿Qué tienes que decirme al respecto?, le pregunté. “Él lo negó todo, se molestó conmigo y me amenazó diciéndome que me arrepentiría si lo dejaba. Le pedí su MOS pero, como era de suponer, no supo dármelo porque ni sabía de qué le hablaba”. Así es como Gaby finiquito esta relación ficticia. Lo bloqueó, pero él la volvió a contactar a los meses vía correo electrónico para pedirle disculpas y decirle que la extrañaba.

Gaby jamás le volvió a contestar, pero lo que sí hizo fue intentar dar con el verdadero soldado o su familia para comunicarles que le habían robado la identidad. No le parecía justo que utilizaran su imagen para sacar dinero a mujeres en las redes sociales. Ella podía ser una de muchas víctimas. A través de los símbolos de los uniformes de sus fotos dio con su unidad y lo puso en conocimiento de la misma.

El fenómeno castfish (pez gato) es cada vez más común. Miles de mujeres y hombres son víctimas del mismo. Normalmente se cuelan en las redes sociales de búsqueda de parejas y utilizan fotos de otras personas, incluso de famosos, e información personal falsa. La táctica es engañar a la víctima a través de mensajes bonitos. Tiran el anzuelo a ver quién se engancha.

Hace un tiempo, una madre y su hija fueron sentenciadas en EEUU a 20 años en prisión por estafar a 374 víctimas en más de 40 países, haciendo pasar por soldados en Afganistán. Consiguieron robarles cerca de 1 millón de dólares, además de la cantidad de corazones que rompieron. Gaby podía haber caído en la trampa pero siguió su instinto y lo descubrió. Sólo espera que esta historia sirva a otras mujeres.

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