El 4 de julio es la celebración veraniega más importante del país. Es el Día de la Independencia, que conmemora la firma de la Declaración de Independencia en el 1776. Nuevamente seremos parte de las festividades, los fuegos artificiales y las parrilladas. La emblemática bandera estadounidense ondeará en cada rincón representando el orgullo, la unión y el patriotismo.
Es una fiesta nacional que cada año nos invita a reflexionar sobre su verdadero significado. La independencia, como un grado de libertad absoluta, para el pueblo estadounidense y para una comunidad inmigrante integrada a la historia de este gran país.
En la proximidad del evento y como inmigrante cubanoamericana, de segunda generación, viene a mi mente una célebre frase del prócer cubano José Martí: “La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía”.
La misma, que representa al propio derecho universal, que todos tenemos al nacer, y que es usurpado a quienes nacen en pueblos sometidos a sistemas totalitarios. Entre los derechos humanos también se incluye la libertad de expresión, la educación y el trabajo, y el que ningún ser humano sea sometido a esclavitud, ni torturas por defenderlos a cabalidad.
Han pasado más de seis décadas y el estado dictatorial en Cuba continua en su terrible marcha, así como la falta de oportunidades económicas y la represión de las libertades individuales. Y hoy puedo decir que me siento tan agradecida de haberme librado de aquella desgracia, gracias a la valentía de mis padres, a quienes la opresión los obligo a salir.
Recuerdo con nostalgia mi niñez en la cuidad de Hialeah, cuando llegaba a mi casa aquel familiar de paso que huía del régimen en busca de una mejor vida y a quien todos apoyábamos. El trabajo duro y la humildad son valores que aprendí en una comunidad que acoge a miles de inmigrantes cubanos desde la década de los años 1960.
En las últimas décadas, las semillas plantadas por padres inmigrantes y los desafíos a los que se han enfrentado, están dando frutos en sus hijos. Ellos pertenecen al éxito económico de esta nación; son lideres, maestros, médicos, científicos, policías, bomberos, funcionarios públicos y empresarios que representan a una fuerza laboral, que integra a naciones de Latinoamérica y es parte de la inclusión cultural de los Estados Unidos.
Según el último censo de 2020, la población hispana supera los 59 millones de habitantes. Y una gran mayoría de ellos, busca la educación en un país libre y democrático.
El Miami Dade College, desde su fundación hace 62 años, ha tenido la responsabilidad de adaptar sus programas educativos a las diferentes migraciones masivas, ya sea por desastres naturales o por razones políticas. Nos convertimos en una de las instituciones más grandes y diversas de la nación con mas de cien mil estudiantes. Nuestra misión se centra en generar oportunidades y ampliar el acceso a la educación y al empleo.
Contamos con ocho recintos y centros de apoyo que ofrecen más de 300 programas y licenciaturas en Ciencias Biológicas, Ingeniería, Administración de Seguridad Pública, Educación, Supervisión y Gerencia, Enfermería, Asistente Médico y Ciberseguridad además de certificaciones y credenciales en la industria; Análisis de Datos, Mercadeo, Inteligencia Artificial, Finanzas e Inversiones en la Criptomoneda entre otros.
El impacto en la comunidad de nuestra emblemática Torre de la Libertad del Miami Dade College es inconmensurable. Un monumento histórico nacional con casi un siglo de operación que fungió como centro de acogida y ayuda a tantas familias de refugiados cubanos. Alberga además un museo, con afamadas obras de arte, sus salones sirven como escenario para el impulso de importantes leyes estatales y sede de importantes eventos como: Camino al cambio en Cuba, que reunió al exilio, la Organización de los Estados Americanos y congresistas en apoyo del Acuerdo por la Democracia en Cuba.
Amigos lectores, este 4 de julio los invito a celebrar con orgullo la independencia del país. Mirando al cielo infinito demos gracias por tener el privilegio y la bendición de respirar aires de libertad y democracia.