Celia Cruz está presente en ideario del cubano. Es inconmensurable su dimensión personal, por su estrellato y profesionalidad en el canto y especialmente por su actitud digna ante la vida, al apoyar incondicionalmente la libertad de su pueblo y condenar al castrosocialismo por esclavizar a su patria y censurar la libertad de expresión.

Si viviéramos en una Cuba libre, les dijera todos los facultativos de las diversas ramas del conocimiento humano, dedíquese a su perfección, con esmero y profesionalidad, pues las dificultades serán discutidas y resuelta por los profesionales de la política elegidos por ustedes, ya que la democracia y la libertad siempre estarán seguras, independiente del partido gobernante en el país.

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Por supuesto, en una democracia cualquier persona, grupo o institución pueden opinar y participar directa o indirectamente en la gobernabilidad del país. Sin embargo, en una dictadura se afecta la justicia por la faltad de libertad. Todas las personas, por una razón ético-moral e independientemente de su profesión, deben participar en el proceso de liberación y democratización del país.

Uno de los muchos actos por la libertad de Cuba de Celia Cruz fue en su presentación artística en la Primera Cumbre de las Américas en Miami, en 1994. Allí estaban todos los presidentes y líderes políticos de las naciones democráticas del continente, la ausencia era evidente, la de Cuba, secuestrada por la dictadura de Castro, ante esos presidentes, Celia Cruz pidió el apoyo solidario con la libertad del pueblo cubano.

¡Qué actitud más hermosa la de la cubana Celia Cruz! Las presiones procastristas de censurar cualquier manifestación pública de los artistas en el evento, no amedrentaron a Celia y durante la bella canción la Guantanamera, en un espacio instrumental, habló a los líderes de la Cumbre. Les dejo en sus palabras, para un mayor disfrute de esa voz de cubanía en el destierro y hoy en el cielo: “Señores presidentes, por favor, en nombre de mis compatriotas, no ayuden más a Fidel Castro, para que se vaya y nos deje una Cuba libre de comunismo”.

Celia Cruz, más tarde en una entrevista de prensa dijo: “Lo que hice ese día me nació del alma y causó un tremendo escándalo, pero era necesario hacerlo. En mi país hay gente que van a la cárcel durante muchos años por decir lo que dije ese día. Celia continuó expresando sus anhelos por la libertad de sus compatriotas y lo manifestó así: “En esa Cumbre Dios medio la oportunidad de hablar ante esos presidentes y no podía dejarla pasar. Si no, hubiera sido como darle la espalda a todos mis principios básicos”.

En 1959, Fidel Castro había usurpado el poder del país, 35 años antes de la Cumbre de Las Américas; sin embargo, en ese mismo primer año de régimen castrista ya comenzó el disentir de Celia Cruz. La primera manifestación pública de ese sentir fue cuando en una fiesta privada, organizada por el dueño de la Revista Bohemia, este le dijo a Celia que Fidel quería conocerla y ella le contestó “Si a ese señor le interesa conocerme, que venga él a donde estoy yo”. Esta acción fue en los inicios del régimen donde la gran mayoría de la gente en Cuba consideraba a Castro un dios y fue en la práctica la desmitificación de ese personaje por Celia Cruz.

Del mismo modo, en el teatro Blanquita de La Habana (hoy Karl Marx) el director del espectáculo pidió a todos los artistas que al terminar su actuación bajaran al público a saludar al comandante Fidel Castro, Celia fue la única que no cumplió tal petición y el director artístico tomó represalia con la suspensión de pagar su sueldo. Y Celia le expreso: “Si tengo que rebajarme para tener dinero, prefiero no hacerlo”.

Sin embargo, existe otra historia de Celia relacionada con el tirano Fidel Castro, quien pidió al director musical que deseaba oír la canción Burundanga a Celia y esta al salir al escenario hizo todo lo contrario y cantó Cao, cao, maní picao. Esta canción fue un desafío político al dictador Fidel, una acción de liderato de Celia que contó con el apoyo de su grupo, pues su contenido expresa el cao en el gallinero y el alimento está descompuesto al igual que el cantar del gallo y algunos de los cohabitantes se niegan apoyar al gallo autoritario y expresan su autonomía en sus vidas.

Durante su largo exilio de 43 años, Celia Cruz aumentó sus contratos, fama y triunfos, con una abundante discografía, dos premios Grammy y tres Grammy Latino. Tuvo once actuaciones en películas y dos en novelas, más otra que resalta su vida. Asimismo, en congratulaciones por instituciones, como la estrella en el paseo de la fama en Hollywood, tres Honoris Causas de universidades estadounidenses y la más alta condecoración por las artes del gobierno de EEUU. La épica y profesionalidad de la Diva han sido tan grandes, que su influencia llegó hasta la gente de ciencias, quienes la homenajearon identificando el asteroide 5212 con el nombre de Celiacruz.

En realidad, lo más triste y vergonzoso en la carrera artística y la vida de Celia Cruz, fueron los 60 años de ostracismo en su patria, impuesto por la dictadura de Castro como venganza por su posición pro libertad y democrática a favor de su pueblo. Por eso al personarse en su patria, en Guantánamo, la porción libre de Cuba arrendada por los EEUU, tomó unos puñados de tierra, a través de la cerca divisoria, de la patria humillada por la esclavitud socialista; que más tarde fueron depositados en su féretro el día de su muerte y sus anhelos testamentarios, de solo regresar su cuerpo inerte a una Cuba libre.

Bien claro está, cuando apretemos los tornillos y finalicemos los “¡Ay! Qué líos” de Fidel Castro y su régimen tiránico de burundanga, haremos un gran homenaje por la memoria de la Diva de la libertad y diremos como ella, que “Mabambelé replica el amor. Defiende al humano, porque ese es tu hermano, se vive mejor”; y en esa circunstancia, ya Cuba será libre.

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