Las posibilidades de que Hillary Clinton gane las elecciones el 8 de noviembre han mejorado significativamente, luego de que una serie de obstáculos y reveses están minando el camino presidencial de su rival político, Donald Trump.
Las posibilidades de que Hillary Clinton gane las elecciones el 8 de noviembre han mejorado significativamente, luego de que una serie de obstáculos y reveses están minando el camino presidencial de su rival político, Donald Trump.
¿Es posible que el poder de un segundo Clinton en la Casa Blanca pueda reunificar a Estados Unidos?
Desde que Clinton y Trump fueron escogidos como los respectivos nominados de sus partidos, la batalla por el poder se ha desarrollado a las antípodas, salpicada de comentarios llenos de odio, como lo demostró el último debate, lo que ha profundizado las divisiones en el país entre quienes apoyan a una experimentada política de un lado, proveniente de las estructuras clásicas del poder, y quienes están con un candidato atípico del otro, como vía para rebelarse contra la manera tradicional de hacer las cosas.
Electores que se oponen a Clinton votarán por Trump, aunque no les guste, independientemente del partido político que hayan apoyado en el pasado. Lo mismo sucederá a favor de Hillary con demócratas o republicanos alarmados ante la eventualidad del magnate, ejerciendo como comandante en jefe.
Ante este panorama, es poco probable que los candidatos puedan contribuir a la unión del país, porque sea quien gane la elección, existen muchas probabilidades de que las divisiones continúen, algo que no solo tendrá repercusiones internas, sino que también debilitará el poder de convocatoria internacional de Estados Unidos, sustentado por el respeto que normalmente inspira sobre líderes mundiales.
Y es que no es lo mismo para un presidente negociar acompañado de la fuerza que proporciona el respaldado de la población, a ser un mandatario que se sabe impopular o es incluso rechazado por un porcentaje significativo de los estadounidenses.
Obviamente, la popularidad no es esencial pero sí ayuda a forjar una política de consenso nacional y dar peso a las decisiones de política exterior que pueden representar la diferencia entre la negociación y la beligerancia.
¿Cómo se vería afectado el liderazgo de un Estados Unidos dividido, frente a dirigentes como el presidente ruso Putin, quien es bastante popular en Rusia, o el presidente chino Xi Jinping, de una China comunista, donde el prestigio es irrelevante, o el norcoreano Kim Jong-un, el jefe supremo y peligrosamente impredecible de Corea del Norte, cuya popularidad está garantizada a través del miedo?
Como si fuera poco, ahora importantes figuras políticas y medios de comunicación están advirtiendo al pueblo estadounidense que no debe votar por Trump.
Condoleezza Rice, exsecretaria de Estado, bajo el presidente George W. Bush, y el senador republicano John McCain son los últimos de un creciente número de personas que han decidido que Trump no puede llegar al poder, después de unas revelaciones en video, que pusieron de relieve unos comentarios lascivos sobre las mujeres, que hizo el millonario tiempo atrás.
A pesar de esa creciente hostilidad hacia Trump, sus devotos seguidores están molestos porque sienten que el establishment en Washington está jugando a poner obstáculos en el camino de su elegido para que no gane la elección.
Con una atmósfera que se torna cada vez más turbia, incluso si Clinton gana con un margen razonable sobre Trump, una gran parte de la población estadounidense no estará agitando las banderas, cuando ella jure lealtad ante la Constitución, frente al Capitolio.

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