Cualquiera pudiera pensar que tanto el gobierno de Chávez como el de Maduro han conducido a Venezuela hacia un sendero comunista. Para ello, bastaría con recordar los incendiarios sermones oficialistas de las últimas dos décadas o con leer el famoso plan de la patria o con observar la apabulladora influencia cubana en el manejo de áreas sensibles para los ciudadanos venezolanos.

No obstante a lo anterior, la cruda realidad que hoy enfrenta nuestro querido país es otra. No son comunistas, ni siquiera son izquierdistas, quienes en mala hora ocupan el gobierno venezolano; son una caterva de criminales muy astutos para la maldad pero neófitos para producir bienestar.

El chavismo ha ido cavando su propia tumba, en una enfermiza e infatigable labor que está por concluir y de la que ya no podrán salir ilesos. El costo para la población ha sido y será alto, pero el precio a pagar por el régimen será terminal.

Con el propósito deliberado de acumular un poder omnímodo, en estos últimos 20 años la tiranía:

  • arrasó con la mayoría de los cuerpos intermedios de la sociedad (Sindicatos, gremios, cámaras empresariales, colegios profesionales, ONG, universidades autónomas, etc.);
  • cooptó y manipuló al resto de los poderes públicos;
  • aprobó, a trocha y mocha, la reelección indefinida;
  • sometió a los medios de comunicación;
  • expropió y confiscó empresas, industrias y fundos agrícolas y pecuarios, que hoy no son capaces de producir bienes o servicios para la población;
  • expulsó la meritocracia de las industrias básicas, que hoy languidecen;
  • sometió al Banco Central y a todo el sistema bancario nacional;
  • acabó con las reservas internacionales y, adicionalmente, contrajo deudas impagables;
  • penalizó a la disidencia política, con exilio, inhabilitación o prisión;
  • implantó un férreo control social, que hoy subyuga a buena parte de la ciudadanía;
  • generó un éxodo masivo de ciudadanos, que ya se cuentan por millones;
  • emitió recurrentemente dinero inorgánico para monetizar el déficit fiscal, generando la mayor inflación de la que Venezuela tenga memoria.

En fin, la tiranía es responsable de haber generado el mayor desastre político, económico y social de la historia venezolana.

A Venezuela se le acabaron las reservas para comprar alimentos y medicinas y no puede emitir deuda pública para colocarla en los mercados internacionales de capitales.

El poco petróleo que produce, además de serle muy costoso, lo tiene comprometido en gran medida con los chulos de Petrocaribe y con los acreedores de oriente.

La venta a su mejor cliente tradicional (USA) de los pocos crudos disponibles, disminuye aceleradamente en virtud de la caída de su producción, de las sanciones impuestas y del inminente embargo y pérdida de las refinerías de Citgo, también a manos de los acreedores.

Las medidas económicas recién estrenadas, que incluyen una nueva reconversión monetaria, el incremento del salario mínimo en 3,500% y la promulgación de un listado de precios justos acordados, con penas para sus transgresores, harán implosionar al régimen.

Dichas medidas generarán, invariablemente, el cierre masivo de empresas en todos los sectores, la mayor pérdida simultánea de empleos jamás sufrida en Venezuela y, consecuentemente, un desabastecimiento brutal de productos y servicios básicos, aún mayor al que ha vivido la ciudadanía durante los últimos años.

Es de esperar que el gobierno responda con la estatización de la economía y la asunción del pago masivo de salarios a los trabajadores y de becas o subvenciones al resto de la población, mediante la emisión de dinero inorgánico en cantidades estratosféricas, sin que por ello se logre abatir el desabastecimiento de alimentos y medicinas que, repetimos, será brutal.

Ese insostenible estado de cosas hará incrementar la presión social y, con ello, las protestas y los disturbios que forzarán al régimen a aumentar inescrupulosamente la represión, con el inmenso costo en derramamiento de sangre.

La hambruna que espera a los venezolanos a la vuelta de la esquina, la perturbación general de la paz social por un período de tiempo imposible de determinar y la multiplicación del éxodo poblacional a niveles intolerables para el vecindario latinoamericano, no nos llevará al comunismo, sino que más bien será como un cuello o COMO-UN-ISTMO que debamos cruzar como nación hacía un nuevo, mas justo y prometedor, estadio de libertad.

No veremos del otro lado, pronto, en libertad…

juanriquezes@gmail.com / @juanriquezes

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