Dos jóvenes cubanos hacen el amor en público, aparecen en internet con sus uniformes escolares, libres, desinhibidos sin complejos de culpa, a ritmo de cubatón, de pin pon fuera, a pa-lo-que-sea. En presencia de testigos, compañeros de colegio que comentan la escena, acostumbrados, sin horror, ni vergüenza ajena, tal como sucede todo en esa isla promiscua y carente de privacidad.

¿Asombro? Para nada. Estamos hablando de un entorno preñado de hogares donde conviven tres y cuatro generaciones: abuela, y abuelo, mamá y papá, hijos e hijas. Y los hermanos de cada uno y los que regresan tras un divorcio y quienes no se casan. Todos juntos, hacinados, así desarrollan sus vidas, así resuelven sus necesidades, tras una cortina, tras un tabique, tras cierra los ojos, tras el apagón, tras la borrachera, tras la amistad, compartiendo espacios, ruidos, quejas, ropas, comida, vasos, sábanas, jabones, gemidos, llantos, enfermedades, y alegrías.

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Promiscua y hacinada es la isla “sin secretos”, lejos de la moral burguesa -del aburrido matrimonio, de la propiedad individual, del egoísmo y la privacidad-. Enroscados en el optimismo colectivo del “no hay más na”, de la puerta abierta, de la calle como terraza, del no tener trabajo, de la bolsa negra, del entrar hasta la cocina del vecino. El país donde la peor ofensa es ser ‘patón’ [no saber bailar] o ‘mala hoja’ [sin destrezas para el sexo]. La nación de la doble moneda y la doble moral, una de adentro y otra convertible. La moral de adentro, es en CUP, también promiscua y ambigua ¿se puede robar? ¿se puede mentir, maltratar, prostituir? ‘Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada’.

La moral convertible es para exhibirla ante extraños –un cubano diría: apaga ese tabaco- , es la internacionalista, la de los médicos misioneros, la de somos universitarios, la de “somos felices aquí” o “somos continuidad” del bloqueo imperialista, la de Gente de Zona, la de Mariela Castro, la del CUC, la de David contra Goliat.

La escena tiene lugar en la isla de las escuelas al campo y las becas promiscuas donde los pioneritos se tornan hombres y mujeres que viven el “libre albedrío”, salpicados por la ley del más fuerte y el ‘bullying’. Sometidos a baños colectivos, dormitorios colectivos, comedores colectivos, todos a una, todos juntos, desacostumbrados a la privacidad.

El video ocurre en el país donde la cubanía se mide en horas sexo, al niño se le pregunta ¿cuántas novias tienes?, al amigo o la amiga: ¿cuántos has pasado por la guillotina?

El hombre nuevo es un sujeto promiscuo, extrovertido, sexualmente activo, y colectivista, a quien no le hace falta para nada la moral burguesa. Lo único nuevo en la escena es el teléfono celular.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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