El secretario de Estado, Mike Pompeo, siempre estuvo convencido de que habría una tercera cumbre entre el presidente Donald Trump y el líder de Corea del Norte Kim Jong-un, a pesar del fracaso de la última reunión en Vietnam el pasado mes de febrero.

Ahora se ha confirmado que Kim desea reunirse con el mandatario estadounidense nuevamente. Pero una tercera cumbre representa un desafío diplomático mucho mayor para la Casa Blanca y el Departamento de Estado.

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Los medios estatales norcoreanos han informado que Kim está insistiendo en que para asegurar el éxito de un tercer encuentro, Estados Unidos deberá llegar con la "actitud correcta".

Está afirmación no significa otra cosa más que Trump deberá estar listo para garantizar a Pyongyang grandes concesiones. Es decir, Kim quiere que Estados Unidos le ofrezca algo importante antes de dar algo a cambio.

De hecho, este ha sido el caso desde que Trump comenzó su avance diplomático y anunció que celebraría una cumbre con Kim en Singapur en junio de 2018. Era una concesión importante del presidente de los Estados Unidos porque sus antecesores siempre habían exigido que Corea del Norte abandonara su programa nuclear antes de pensar en una reunión conjunta.

La primera cumbre en Singapur fue un momento histórico. Trump y Kim eran todo sonrisas y cuando las conversaciones terminaron, había esperanzas genuinas en Washington de que los dos líderes habían comenzado a allanar el camino que llevaría a Corea del Norte a renunciar a sus pretensiones nucleares.

Como gesto de avanzada, Corea del Norte detuvo los vuelos de prueba de misiles balísticos de largo alcance y prometió desmantelar un sitio de pruebas nucleares.

Paralelamente, Kim comenzó a devolver los restos mortales de los soldados estadounidenses que sacrificaron su vida durante la Guerra de Corea en los años 1950.

En respuesta al gesto de Kim, Trump declaró que los ejercicios militares a gran escala entre los Estados Unidos y Corea del Sur serían suspendidos.

A pesar de todos estos movimientos esperanzadores, el impulso inicial para lograr un cambio importante se desvaneció, luego de que fotos satelitales demostraron de que Corea del Norte no comenzaba a dar pasos para la tan esperada desnuclearización.

Esto tuvo un impacto negativo en la segunda cumbre entre Trump y Kim, ya que no se produjo el tan esperado anuncio y la cumbre terminó de manera abrupta.

Desde un punto de vista positivo, la tensión durante aquella cumbre no fue el final de la historia y Pompeo tuvo razón, pues Kim todavía quiere mantener el diálogo abierto.

La relación entre ambos ha sobrevivido a las críticas que señalaban que los encuentros bilaterales favorecieron al dictador norcoreano, al elevar su estatus internacional al mismo nivel de un líder del mundo libre.

Sin embargo, la Casa Blanca y el Departamento de Estado ahora tienen que decidir si ha llegado el momento para ofrecerle a Kim algo más a cambio para presionar por el desmantelamiento efectivo de su armamento nuclear

A primera vista, los comentarios del fin de semana, atribuidos a Kim por los medios estatales de Pyongyang, podrían indicar que el líder norcoreano no está listo para hacer concesiones a menos que Trump llegue con algún ofrecimiento concreto de comenzar a levantar las sanciones.

En todo caso, la retórica ha jugado un papel importante desde el principio y lo que se dice en público no es necesariamente lo que se discute en privado.

Si esto resulta cierto, Pompeo debe estar confiado en que una tercera cumbre no será una pérdida de tiempo para Estados Unidos

Las negociaciones secretas entre ambos países deben haber levantado algunas señales positivas de que Kim se está moviendo en la dirección correcta, sin importar lo que digan los medios estatales.

Una tercera cumbre debe estar ahora en la etapa de planificación, lo que es una buena noticia para el presidente de Estados Unidos porque demuestra que la diplomacia paciente y persistente realmente funciona.

Cualquier tipo de avance que se produzca como resultado de una tercera cumbre será más que bienvenido para un gobernante como Trump, que busca reducir sustancialmente la tensión en una de las regiones más peligrosas del mundo y que además quiere ser reelegido para un segundo mandato.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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