La voluntad del pueblo cubano se descarta una vez más en las urnas, si es que se puede decir que a los hijos de la isla aún les queda alguna disposición que no sea para buscar qué comer y “resolver” el día a día o incluso pensar en cómo abandonar el Caimán Dormido.

No en balde fueron muchos los votantes ausentes en la pasada farsa electoral que el régimen orquesta cada cinco años para mostrar al mundo lo que todos saben que carece: un sistema democrático electoral.

Aunque la prensa oficialista se empeñe en divulgar cifras que denotan una participación activa por parte de la población, de más está decir que los datos que arrojan las encuestas a boca de urna, que los opositores se dieron a la tarea de realizar, delatan las intenciones de la dictadura de disfrazar lo que es imposible mantener oculto: la inconformidad del ciudadano cubano.

Según las encuestas por parte de los disidentes, más de 20% del electorado desafió al sistema al dejar la boleta en blanco, la utilizó para plasmar consignas de rechazo al régimen o elevar peticiones, o simplemente no estuvo presente en las urnas.

En el pasado los cubanos solían ser más cuidadosos al expresar su inconformidad, ocultaban más el hecho de que no les interesaba ir a votar, porque además sabían de antemano que su voto no favorecería la intención de la mayoría: derrocar el castrismo.

La visión, en cuanto a las elecciones, de muchos de los que habitan en la Cuba de hoy no dista de aquella de quienes han sufrido el proceso embustero desde sus inicios: es un gran circo que no decidirá el futuro político de la isla ni mejorará las condiciones de vida del cubano que continúa esperando un cambio, y siempre supo que las urnas no han sido ni serán el camino para conseguirlo.

Muestra de esto es que en los últimos 25 años la participación electoral ha disminuido, conforme con los reportes oficiales, que también indican que desde que Fidel Castro dejó la escena política, la abstención ha aumentado en cada votación.

Es sabido que en los regímenes totalitarios el voto no representa la voluntad civil ni mucho menos alienta un cambio político, porque los resultados son manipulados. Y en el caso de Cuba esto es más que cierto. Pero también es cierto que el alto nivel de abstencionismo refleja un evidente declive de la influencia ideológica o adoctrinamiento que los que se aferran al poder han ejercido sobre el pueblo durante más de medio siglo de opresión.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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