Las alarmas han debido retumbar en Apure hace una década cuando trascendió que Miguel Botache Santillana, alias Gentil Duarte, era el hombre que más asistía a la iglesia a bautizar a los hijos de generales y otros oficiales de distinto rango de la Fuerza Armada venezolana designados en la región. Para ese momento el guerrillero jefe de la disidencia de la FARC se venía acomodando en Venezuela con su organización con la anuencia de Hugo Chávez quien permitió que la FARC no desmovilizada se asentara en el país.

Su confort se extendió a la fraternal convivencia con la comunidad, convivencia construida sobre muchos favores que también lo convirtieron en compadre de familias humildes que le han confiado sus hijos para ser entrenados y luego incorporados a su movimiento. Así, el padrino más popular ha echado raíces en un territorio privilegiado para el tráfico de drogas. Además, se expandió sin inconvenientes hasta que sus rivales coterráneos y Maduro, le complicaron el negocio. A Gentil Duarte el chavismo primero lo refugió, estaba prohibido molestarlo, y después lo alentó bajo la orden de ayudarlo a trabajar. El guerrillero logró extender sus negocios hacia otros estados como Bolívar y Amazonas y comenzó a operar con otros grupos insurgentes. Pero ya mandando Maduro, los cubanos y la FARC (llamada ahora la Segunda Marquetalia) decidieron que querían disfrutar de las mieles del delito y Gentil Duarte se convirtió en estorbo.

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La posición del anfitrión venezolano fue decisiva para activar el conflicto que ha estallado recientemente. Eduardo Piñate, nuevo gobernador de Apure desde el pasado 21 de noviembre, hombre de Maduro, debutó con la misión de acorralar a Gentil Duarte con el apoyo de la Fuerza Armada venezolana. Era el camino contrario a la gentileza con que lo trataba su predecesor Ramón Carrizales, del ala de Diosdado Cabello. Obligado a correr, Gentil Duarte tuvo que pisarle territorio al ELN lo que activó la reciente violencia que ya venía acumulando muertes relevantes entre los bandos. Se impuso entonces, y como siempre, la línea trazada por Cuba para actuar a favor de los miembros de la Segunda Marquetalia que han hecho alianza con el ELN, decididos a reducir a los competidores en el negocio de la droga y tomar el control de la zona.

Imposible que los efectos del hacha de la guerra quedaran solo en suelo venezolano. Lo que ocurre en el Arauca colombiano es un espejo.

Los analistas coinciden en que la participación de Venezuela hace más difícil cualquier posible solución.

Es Maduro quien incorpora al ELN contra Gentil Duarte. Utiliza al ELN como una especie de ejército de ocupación, como la fuerza ideologizada que tiene un claro objetivo de largo aliento. A cambio, le ha ido entregando actividades y territorios. Arrancaron en Bolívar, luego tomaron Delta Amacuro, Amazonas y Sucre, ya en Barrancas del Orinoco demostraron que van por Monagas, y ahora están en Apure.

Los eventos han dejado 33 muertos en lo que va de año con el terror y consecuente estampida de la población civil. La advertencia es que se está consolidando un conflicto armado que ha tomado posesión de ese corredor de Colombia y Venezuela como una clara Zona Gris donde la frontera entre ambos países se ha desdibujado para ser poseída por el crimen. Es una ruta que hace salivar a los narcotraficantes por la que pueden transportar la droga desde los ríos colombianos hacia territorio venezolano casi sin necesidad de remar, para después distribuirla por las vías de su gusto sin interferencias. Se trata de un corredor inmenso donde no hay fronteras físicas, bajo el cobijo de un régimen que los socorre, los acoge, les facilita el uso de pistas de aterrizaje y les permite expandirse. Pero hay más. Los bolsillos de los huéspedes guerrilleros también rebosan con ingresos de la minería ilegal, la extorsión, el secuestro, el contrabando de combustible y hasta el tráfico de humanos.

Pero no es solo el negocio lo que impulsa esta violencia. Hay actores interesados en desequilibrar al sistema político colombiano y fracturar esa sociedad hasta lograr su dominación, y para ello el Arauca es estratégico.

Las autoridades colombianas tienen detectado a Maduro y así lo han reiterado públicamente, pero parece que a él poco le importa. Realmente Maduro apuesta a que todo siga según ha venido sucediendo, es decir, que la comunidad internacional -incluido Estados Unidos- etiquete la Zona Gris como un problema local, de menor importancia. Grave error.

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