El informe de Reporteros sin Fronteras confirmó las sospechas razonables que flotaban en las cabezas del mundo libre desde la señal de alerta sobre el COVID-19: el control de la información contribuyó a la expansión del virus, dentro y fuera de China. En esa misma línea, el Grupo de los siete países más industrializados informó que ha constatado que cuando investigadores en China detectaron que el virus se podía transmitir entre humanos, las autoridades de ese país pusieron en marcha una campaña de desinformación intencional que hizo perder tiempo valiosísimo para enfrentar esta tragedia.

Pero una dictadura no sobrevive sin censura.

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La investigación de RSF demuestra cómo la dictadura china se encargó de amputar la vocería de fuentes especializadas –médicos, investigadores, periodistas– que pretendían alertar sobre lo que venía. La censura se impuso dramáticamente a lo interno hasta tal punto que aún buena parte del país desconoce del coronavirus. Miles de vidas se habrían salvado. RSF cita una investigación de la universidad de Southampton, Inglaterra, que desvela que Pekín podría haber reducido 86% el número de contagios si hubiese impuesto dos semanas antes las medidas de confinamiento. Sin embargo, la dictadura optó por mentir al pueblo y ejecutar luego, ante lo inevitable, acciones que han violado los derechos humanos.

La perversión criminal de la dictadura china se extendió por el planeta. Ha contado con algunos aliados. Uno de ellos usurpa la presidencia en Venezuela.

Maduro, en sintonía con los chinos, comenzó por trivializar sobre el peligro del virus. Y no ha parado de mentir. Cuando ya faltaba poco para que la Organización Mundial de la Salud calificara de pandemia el COVID-19, Maduro –como vocero de la dictadura del país asiático– acusó a los imperios de fabricar un arma biológica para atacar a China.

Las mentiras del dictador venezolano se sostienen sobre el control de los medios de comunicación. Lejos de retroceder ante la evidencia científica, Maduro avanza sobre la falsedad descarada, solo utilizable como guion de uno de esos programas de humor que dice estar disfrutando en cuarentena. Refiere entonces que el arma bioterrorista, ¡oh!, se puede combatir con un brebaje compuesto de malojillo, jengibre, saúco, pimienta negra, limones amarillos y miel. Hay que reconocer que Jorge Rodríguez tuvo el detalle de titular la fórmula de curación igual a como lo habría hecho Maxwell Smart, en el Súper Agente 86: P-6SQ.

Antes, China había filtrado la hipótesis de que el COVID-19 se había propagado a partir de los Juegos Militares 2019 celebrados en Wuhan entre el 18 y el 25 de octubre. La acusación de la conspiración iba contra Estados Unidos.

El registro cotidiano llevó a Maduro a cambiar el tono pendenciero para colocarse en modo tragedia y declarar cuarentena. Las acciones son calco de China. Así como el médico Li Weliagn fue detenido, perseguido, amenazado hasta morir contagiado por el virus y decenas de profesionales de la salud e investigadores fueron silenciados para evitar que alertaran a la población del peligro de exponerse ante la ausencia de medidas, en Venezuela médicos y enfermeras arriesgan su vida, no solo ante el Covid-19, sino ante los represores que los persiguen para depositarlos en mazmorras por atreverse a denunciar la verdad. En adición, de manera ilegal, Maduro instruyó a militares, a la fuerza de exterminio FAES y a colectivos armados, a perseguir y castigar a todo el que no esté encerrado en su casa. El operativo lo complementa el uso de la plataforma Patria con la que supuestos médicos cubanos junto a miembros de consejos comunales, presionan en sectores populares. También actúan en la calle. Suben al transporte público y confiscan celulares porque “son utilizados para hablar mal del gobierno”. El coronavirus es su coartada. El objetivo inmediato se ha cumplido por ahora: contener la explosión social que se anuncia inevitable. Porque combustible casi no hay y comida no habrá en poco tiempo. Las molestias se empiezan a detectar. Por eso militarizaron Petare y Catia, dos puntas que le aparecen a Maduro en sus muchas pesadillas.

La orden es atenazar más la censura. El mensaje a los reporteros fue la detención del colega Darvinson Rojas. Cuentan sus familiares que escucharon cuando sus carceleros lo increpaban para que revelara su fuente de información que dijo la verdad que todos sabemos. Que los casos de contagiados superan con creces a los que admite el régimen. También pasó en China, donde presionaron a periodistas para que confesaran qué médicos se habían atrevido a filtrar datos.

Igual no han podido evitar que el mundo llegue a la verdad.

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