Las universidades norteamericanas se han convertido en escenario de un debate fundamental para el futuro de Estados Unidos: la libertad de expresión. La libertad de expresión es parte de la primera enmienda de la Constitución de la República junto a la libertad religiosa, entre otras libertades. Los padres fundadores de Estados Unidos quisieron dejar sentados los derechos inalienables del ser humano en su dignidad y libre albedrío en la Carta de Derechos.

Este debate trasciende los esquemas de izquierdas y derechas, y del discurso de los principales partidos políticos. Es un tema que va a la raíz del sentido de la libertad humana.

Hay numerosas causas para que en un país cuya estabilidad y éxito están basados en el respeto a la individualidad y la diferencia, hayan ocurrido hechos violentos y coercitivos que atentan contra la libertad de expresión como los de la Universidad de California en Berkeley o la Universidad del Estado de California en Los Angeles donde protestas violentas impidieron las presentaciones de invitados de renombre.

Vivimos en un país que acuna y promueve la diferencia, y con ello la tolerancia es esencial. Tolerar incluso las ideas y posturas de las que estamos opuestos es a lo que estamos llamados para poder convivir civilizadamente. La libertad de expresión nos ofrece el espacio en el cual tenemos el derecho a expresar nuestras ideas, diferencias y preocupaciones en la arena pública y privada sin temor a recibir reprimendas.

Este elemento diferencia a la sociedad norteamericana de otras sociedades como la cubana, donde disentir es un delito y donde no existe el espacio público para dirimir diferencias y expresar criterios. Nací en Cuba comunista y conozco de primera mano los crímenes del Estado totalitario que aún permanece en la Isla. Mi tío Armando de León fue condenado a 30 años de prisión cuando apenas tenia 16 años. Sufrió junto a otros miles de cubanos torturas y vejámenes en la cárcel castrista. Por muchos años he ayudado desde el destierro a los que luchan cívicamente dentro de Cuba por un país libre.

En los últimos tiempos he advertido cómo en Estados Unidos, algunas instituciones de educación superior, temen la controversia. Temen que las personas no se entiendan y que se creen hechos de violencia. Pero en una sociedad libre las ideas se tienen que debatir sin miedo, especialmente en las universidades, espacios para la creatividad y el pensamiento crítico. Si le enseñamos a las nuevas generaciones a tener temor ante opiniones distintas, les estamos coartando la posibilidad de escuchar, entender, discernir y actuar. Al tratar de proteger a las nuevas generaciones de ser expuestas a la diversidad de ideas estamos privándoles de un derecho fundamental en su formación como ciudadanos útiles y libres.

El otro enemigo de la libertad de expresión es la corrección política. Esta postura implica que las personas son inmaduras o no adecuadas para recibir ideas contrarias a las que sostienen, y cualquiera de estas ideas puede causar un trauma profundo.

En pocas palabras, la corrección política es la institucionalización de la hipocresía social. Y la hipocresía es sólo la punta del iceberg. Lo grave de la corrección política es permitir que otros tomen decisiones por nosotros sobre lo que queremos escuchar, aprender o entender. En el fondo de esta postura se encuentra la promoción de una cultura de infantilismo cívico que deja al ciudadano desprovisto de su capacidad de definirse, defenderse y hacerse entender de forma independiente en el entorno social.

Esta visión la comparto con mis colegas de la Academia de Liderazgo de Base (Grassroots Leadership Academy), promoviendo las claves para gestar y mantener una sociedad verdaderamente libre y abierta. Recorremos esta gran nación hablando a diversas comunidades para que se sumen a los miles que hoy creemos en la libertad como elemento y razón fundamental de la felicidad y la realización individuales.

Muchos de nosotros venimos de sociedades y países que han transitado o transitan la oscuridad del totalitarismo o el autoritarismo. Por eso huimos en busca de espacios de desarrollo individual, prosperidad y expresión libre. Enseñemos a nuestros hijos el valor real de la libertad y la responsabilidad que implica ser ciudadano en un país donde el límite del desarrollo de cada individuo lo pone solamente el propio individuo.

Janisset Rivero es Entrenadora y Especialista en Currículum de la Grassroots Leadership Academy.

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