La estructura represiva en Venezuela sigue intacta bajo el dominio de Diosdado Cabello, primer sospechoso de haber entregado a Nicolás Maduro y Cilia Flores a los americanos, traidor que sopla las cabezas de los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez.
Los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez respaldan a Diosdado Cabello, quien conserva el control de la estructura policial y de seguridad en Venezuela.
La estructura represiva en Venezuela sigue intacta bajo el dominio de Diosdado Cabello, primer sospechoso de haber entregado a Nicolás Maduro y Cilia Flores a los americanos, traidor que sopla las cabezas de los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez.
Según corroboran fuentes americanas, la comunicación de Diosdado con efectivos de inteligencia de Estados Unidos comenzó con Washington antes de la administración de Donald Trump -poco después de que Nicolás Maduro llegara a la presidencia- y fluyó de manera directa y a través de intermediarios, aunque otras fuentes como la agencia Reuters, ubica esa relación secreta exclusivamente a la gestión del actual presidente de ese país.
En lo referido a la detención de Maduro, la CIA, según aseguran fuentes confidenciales, recibió información de Diosdado y de otros funcionarios sobre la localización exacta para ejecutar la operación.
El aporte adicional del actual ministro del Interior habría sido evitar la actuación de fuerzas de seguridad o grupos armados bajo su dominio, los cuales no debían responder o reaccionar ante el operativo Operación Resolución Absoluta llevada a cabo el pasado 3 de enero; acuerdo que Diosdado cumplió.
Eso lo saben los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez quienes a su pesar han terminado respaldando a Cabello como cabeza del aparato coercitivo, manteniendo además a su gente en el poder, tal es el caso de su hermano “el mocho” José David Cabello quien aun cuando fue removido del Seniat después de controlar durante 18 años el sistema de recaudación nacional de impuestos, resultó consolado con la dirección de la empresa petroquímica estatal Pequiven, precisamente cuando Estados Unidos tiene control y altísimo interés en el sector hidrocarburos y minería.
Al mantenerse en el Ministerio del Interior, Diosdado conserva la estructura policial y de seguridad civil que ya controlaba, a lo que hay que sumar su influencia directa sobre inteligencia, fuerzas de seguridad y grupos oficiales armados.
Sin embargo, la afable expresión hacia Diosdado por parte de Estados Unidos al aceptarlo como el tercer hombre del Rodrigato, se presenta sobre la paradoja jurídica de mantener su condición de acusado penalmente desde 2020 por narcoterrorismo y narcotráfico, con 25 millones de dólares como precio de la recompensa por la entrega de su cabeza o por información conducente a su arresto o condena.
El Rodrigato se muestra imposibilitado de lograr el control del sector militar. Por ahora Gustavo González López, quien tiene una historia documentada con Diosdado Cabello, fue colocado inmediatamente después de la aprehensión de Maduro, al frente de la Guardia de Honor Presidencial y la DGCIM y luego a la cabeza del Ministerio de Defensa. La relación entre Cabello y González López se expresa como una sociedad fáctica; se trata de una relación de más de dos décadas soportada y registrada por organismos internacionales que describen una cadena de mando informal entre ambos funcionarios, documentada por la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU.
En tanto los organismos policiales, la Policía Nacional Bolivariana y el Sebin, el control de Diosdado es indiscutible, con entes presididos por hombres señalados por avalar técnicas y procedimientos ilegales como las torturas.
Moverse simultáneamente en los planos legal e ilegal parece haberle funcionado a Diosdado, por eso los colectivos tienen que entrar en la ecuación Cabello-González López. Se trata de estos grupos violentos considerados indispensables para el ecosistema represivo oficialista y que actúan bajo la coordinación de organismos del Estado y que sirvieron para persuadir a Estados Unidos de la conveniencia de tener a Diosdado de su lado para que mantuviese a esos antisociales en su redil.
A todo esto, hay que sumar el manejo de la maquinaria partidista, teniendo a su cargo el PSUV, una de las bases centrales de movilización política, indispensable dentro del chavismo. Diosdado es actual secretario general del partido y es quien públicamente manda a la militancia de base, fija línea, imparte instrucciones a las estructuras territoriales y bajo los hechos es el vocero orgánico de la organización. Es un feroz vigilante de la disciplina interna del partido, encargándose de perseguir y castigar a quien se sale de su línea de obediencia.
Ese aparato partidista le funciona también para presionar y perseguir a opositores en barrios de Caracas y el interior del país.
Pero esta presión no ha evitado el derrumbe progresivo del Psuv, especialmente después de la derrota de Maduro el 28 de julio de 2024 y que desde entonces se ha seguido hundiendo en el barranco.
