El Salvador es un país que siempre ha vivido bajo la sombra de la violencia. Desde los años noventa, al terminar el conflicto armado, fue uno de los países más peligrosos del mundo. En 1995, las cifras de homicidios llegaron a tales cifras que el país llegó a ser conocido como “La capital mundial de los homicidios”. Con los homicidios también la población sufría de la extorsión de las Maras, quienes aterrorizaban a la población, e interrumpían cualquier aspecto de la vida cotidiana. Esto, en torno, se convirtió en la mayor causa de migración hacia los Estados Unidos, además de la situación económica, que gobiernos anteriores nunca manejaron bien.

La alternancia entre el partido de izquierda, el FMLN, y de derecha, ARENA, no llegó nunca a resolver los problemas de seguridad o prosperidad económica, y simplemente era una alternancia ficticia, en la cual había un pacto de poder, donde los verdaderos ganadores eran las elites de cada partido político.

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El pueblo Salvadoreño se cansó de tanta violencia, ineficiencia, falta de oportunidades y corrupción de los anteriores gobiernos, y en el 2019 decidieron optar por romper con este pacto de corruptos, y elegir democráticamente a Nayib Bukele como Presidente. Bukele se había desempeñado exitosamente, con pragmatismo y resultados como Alcalde de San Salvador, y la candidatura a la Presidencia por una tercera vía, sin las influencias de las elites políticas, es lo que el pueblo buscaba.

Al asumir la Presidencia, Bukele sabía que la seguridad era el aspecto más importante que resolver, ya que sin seguridad, nada más funciona. De qué servirían los hospitales y clínicas que se han inaugurado, los proyectos de infraestructura que son numerosos, y de qué serviría el programa de otorgar laptops y tabletas con internet al 100% de los estudiantes en el sector público si no hay seguridad. Incluso, la gran labor por parte de la Primera Dama de la República en cambiar la manera que los niños llegan al mundo con el programa Nacer con Cariño, no tendría impacto sin seguridad.

El pueblo salvadoreño aprueba con más del 90% las acciones del gobierno en la gestión de seguridad. Estas medidas han logrado que el pueblo salvadoreño viva en paz su día a día, donde las pandillas, que anteriormente trataban con gobiernos, hoy día están acorraladas y siendo arrestadas. Hasta la fecha, más de 47.000 pandilleros han sido arrestados, y se esperan aún más hasta finales de año. Mientras tanto, el gobierno está construyendo una mega prisión de máxima seguridad para albergar a 40.000 pandilleros que han aterrorizado por tantos años al pueblo salvadoreño. En lo que va del mandato del actual gobierno, ha habido más de 160 días sin homicidios, cifra inconcebible hace unos años – para poner en perspectiva, durante los 30 años de gobiernos anteriores, solo hubo 5 días sin homicidios.

Las únicas personas y grupos que se “oponen” a estas medidas, son los grupos de la élite en la política tradicional, que han perdido sus privilegios ante un gobierno que no responde a ningún grupo de interés más que al pueblo. No es casualidad que Bukele sea el presidente más popular de América Latina, con un 86% de apoyo. Los mismos que se oponen a las medidas de seguridad, también se benefician de un país más seguro.

No solo El Salvador se ha convertido en uno de los países con menos índice de homicidios en América Latina, si no que también, según CID Gallup, han logrado ser el país con menores víctimas de robo o asalto, con solo 10% de la población reportando ser víctimas. Esto comparado con un 54% de los vecinos en Guatemala, o 45% bajo la dictadura de Daniel Ortega.

Si hay un país en América Central que ha sabido controlar la migración irregular hacia Estados Unidos, ha sido El Salvador, donde la población hoy día, vive en tranquilidad y con oportunidades económicas y laborales. Es más, nunca en la historia de El Salvador, o cualquier otro país con una gran parte de su diáspora viviendo en los Estados Unidos, habían apoyado tan energéticamente a un mandatario, según La Voz de América, el 99% de los Salvadoreños residentes en los Estados Unidos apoyan la reelección del Presidente Bukele en el 2024. Cuando la diáspora de más de 2.5 millones está tan unida por el líder de su país, es porque ellos saben la gran labor que se está haciendo.

No confundamos a El Salvador con otros países verdaderamente no democráticos en la región, por ejemplo Venezuela, donde Bukele recibe ataques por parte del dictador Nicolás Maduro mientras visita La Habana, o Cuba, donde hay verdaderos abusos y violaciones de derechos humanos, y donde no existen las elecciones. O aún peor, Nicaragua, donde hay elecciones, pero los candidatos de oposición son encarcelados, ya que es la única forma de que el dictador Ortega “gane” los comicios electorales.

El Presidente Bukele fue electo en elecciones libres y democráticas así como su mayoría en la Asamblea Legislativa.

Damian Merlo

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