sábado 30  de  mayo 2026
OPINIÓN

El timing de las decisiones

Saca tus cuentas. Esa decisión que "resolviste" en diez minutos te va a costar semanas o meses de andarla remendando. Creíste que ganabas tiempo.

Por Alejandro Moredia

Con el Mundial encima, va una verdad que en la cancha se ve más rápido que en cualquier sala de juntas.

Hay pelotas que, si no respondes de primera, las pierdes. Otras que tienes que bajar al pecho, acomodarte, y recién entonces pegarle.

Y el que confunde una con la otra, pierde las dos.

El delantero de grandes ligas no es el que pega más fuerte. Es el que sabe, en una décima de segundo, qué pelota le llegó. El mismo toque que en una jugada es golazo, en la otra manda la pelota a la tribuna.

Jeff Bezos —que hoy también llama a Miami su casa— lo dice en su idioma: hay puertas de una sola vía, cruzas y no hay regreso; y puertas de dos vías, reversibles. Buen lenguaje para nombrarlo.

Pero el problema de verdad no es clasificar la puerta. Eso ya lo sabes.

Es el reloj con que la cruzas.

Y ahí veo caer, una y otra vez, a gente que dirige cosas grandes.

La decisión pesada, la que pedía pausa, la pegan de primera. Por verse decisivos, por quitársela de encima, porque frenar se siente como debilidad.

¿El resultado? La leen mal. Y entonces toca volver: revisarla, enmendarla, deshacer lo que ya se había movido.

Saca tus cuentas. Esa decisión que "resolviste" en diez minutos te va a costar semanas o meses de andarla remendando. Creíste que ganabas tiempo.

Lo perdiste con intereses: tiempo, recursos, y las oportunidades que se fueron mientras estabas ocupado arreglando lo que no debiste apurar.

Del otro lado está el mal opuesto. Y ese lo veo todavía más seguido.

La decisión chica, reversible, la que se resolvía en una llamada de 2 minutos, la meten a comité. Reunión para preparar la reunión. Otra junta para confirmar la anterior.

Juntitis.

Y ojo, porque eso no es trabajar. Es perseguirse la cola con cara de ocupado. El que vive en juntas se mueve mucho y resuelve poco. Parálisis disfrazada de prudencia.

El de arriba lo entiende: las jugadas pequeñas se deciden y se sigue jugando. El de abajo las vuelve ceremonia, se aguada, y se queda parado mientras el partido avanza sin él.

Las dos fallas son, en el fondo, la misma: leer mal el reloj.

Apurar lo que pedía tiempo te sale caro y encima lento, porque vuelves.

Congelar lo que pedía velocidad te paraliza, y el que no decide a tiempo deja que otro decida por él.

Esto no es de restaurantes. Es de cómo dirige cualquiera, en una cocina o en un board.

La habilidad fina no es ser rápido ni ser prudente. Es saber cuál de las dos te está pidiendo el momento.

Pégale de primera a la que lo pide.

Y a la pesada, bájala al pecho, aunque todos te miren esperando que dispares.

Alejandro Moredia es director de Operaciones en restaurantes de alta gama.

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