De acuerdo al Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) una vacuna es “un producto biológico que estimula el sistema inmunitario de una persona para producir la protección necesaria contra una enfermedad específica”.

La humanidad se ha beneficiado de la inmunización provocada durante siglos.

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Se sabe por ejemplo que los monjes budistas tomaban el veneno de una serpiente para inducir inmunidad ante la mordedura del reptil, Por otra parte, la inoculación de las pústulas de la viruela en humanos buscaba provocar un brote atenuado para inmunizar al paciente, un método que se ya se practicaba en China e India alrededor del año 1000. La experiencia se diseminó luego por los pueblos del Asia menor y Oriente Medio, donde era utilizada comúnmente por las clases populares.

La técnica pasó al mundo occidental a principios del siglo XVIII, convirtiéndose en una poderosa e innovadora herramienta terapéutica y signo del avance y desarrollo.

Fue el científico inglés Edward Jenner, quien en 1796 inoculó con éxito a un niño de 13 años con el virus de la viruela. Durante el siglo XIX las vacunas proliferaron. Los experimentos de Louis Pasteur condujeron al desarrollo de la vacuna contra el cólera.

Otro tanto se logró con la poliomielitis y la tuberculosis

La implementación sistemática de la inmunización masiva contra la viruela culminó con su erradicación mundial en 1980, según la Organización Mundial de la Salud.

El último de caso de viruela reportado en Estados Unidos data de 1949.

Muchas de estas enfermedades devastadoras se erradicaron, especialmente en las naciones industrializadas, gracias al desarrollo y la distribución generalizada de vacunas seguras, efectivas y asequibles.

Ahora, una vez más, la historia reclama nuevos esfuerzos, esta vez para encontrar una vacuna efectiva contra el nuevo coronavirus porque mucho del futuro económico, político y social del mundo depende de ello.

No en vano, Estados Unidos se encuentra actualmente invirtiendo miles de millones de dólares para encontrar el remedio antes de que termine el año.

Ahora bien, ¿Esa búsqueda dará frutos antes de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre?

Tanto la comunidad científica como las compañías farmacéuticas se encuentran en una carrera frenética, para producir una vacuna lo más rápido posible.

Por lo pronto, en el marco de la operación Warp Speed, Estados Unidos ha acordado un pago de 2.100 millones de dólares a la empresa farmacéutica Glaxosmithkline y su homóloga francesa Sanofi Pasteur para producir 100 millones de la dosis de una vacuna experimental contra el COVID-19. Esta cantidad sería suficiente para dar a 50 millones de personas dos dosis a cada una, y con el dinero sobrante podrían invertir en más investigación.

EEUU también ha firmado con Pfizer y BioNtech asegurar una cantidad de dosis para los estadounidenses por 1.950 millones de dólares para.

De igual manera, el país ya había llegado a un acuerdo con un fabricante alemán de medicamentos para proporcionar otros 100 millones de dosis de su vacuna, que aún está en desarrollo. Igualmente hay proyectos de vacunas con los laboratorios de Johnson & Johnson, Novavax y Moderna de Maryland.

En realidad, todavía hay varios obstáculos.

Aún las vacunas no se han probado bajo los estándares aceptables. Se han realizado ensayos en seres humanos, pero se necesita tiempo para comparar resultados. La ciencia se basa en el ensayo y el error para el aprendizaje.

Las vacunas, en general, pueden tener serios efectos secundarios e incluso fatales, aun cuando algunas organizaciones, como el Instituto de Medicina IOM, la Administración de Alimentos y Bebidas (FDA), sostienen que no hay peligro en las dosis correctas.

En todo caso, las apuestas de la Casa Blanca están dirigidas a obtener una vacuna para el otoño, justo a tiempo para las elecciones, porque ello traería un optimismo instantáneo al país y le aseguraría a Trump el impulso electoral necesario.

A medida que la cuenta regresiva acorta el día de las elecciones, la ansiedad aumentará, tanto en el Partido Republicano como en el Demócrata.

Los republicanos están preocupados por las encuestas desfavorables y quieren una vacuna para aumentar la popularidad del Presidente, y dar una inyección de adrenalina al mercado de valores.

Los demócratas, por su parte, están cruzando los dedos para que los resultados que todavía favorecen a Joe Biden, su presunto nominado para la Casa Blanca, se mantengan durante los próximos meses, incluso si se encuentra una vacuna y la pandemia comienza a perder fuerza.

Es bien sabido que existe una estrecha relación entre la mejoría de las condiciones sanitarias y el crecimiento económico.

Entonces, ¿será la vacuna la respuesta a todos los problemas?

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