Me acabo de tirar la cerveza por encima al leerlo. Y ya no es por la camisa blanca, que ya no tiene remedio, sino por la bandera mancillada en vano. Que no me conduce la ira, nada más lejos, sino la confirmación de que hace tiempo que España no dedica ni un minuto a explicar al mundo el papel que nuestra Constitución otorga al Rey. Y es por eso que a veces surgen artículos como el de mi apreciado compañero de Tribuna Óscar Elías, que lleva por título un error –“El Rey de España no tuvo ninguna pena por Cuba libre”– y que no amaina la crítica en su interior, para pena y dolor de los lectores españoles.

Algo antes de nada. La visita de Felipe VI a Cuba fue un bochorno y una vergüenza para los españoles, empezando por Felipe VI, sin duda, el más contrariado, abochornado y avergonzado de todos. No era el momento. Recordemos que partió hacia Cuba al día siguiente de unas elecciones generales en España, sin Gobierno ni mayoría clara, con una tremenda inestabilidad política e institucional. El viaje dejó imágenes denigrantes, como esa fotografía con la cara de cemento del Ché al fondo, de quien lo más bondadoso que se puede evocar es su aversión patológica al jabón. Y fue una visita finalmente espeluznante, porque se engendró con la única intención de distraer conciencias sobre el “pacto del abrazo”, el que se dieron frente a las cámaras el socialista Pedro Sánchez y el comunista Pablo Iglesias para anunciar un acuerdo para un gobierno social-comunista en España; un monstruo que aún hoy está en fase de gestación pero al que nos vemos estúpidamente abocados, como si todo lo que hemos aprendido de Cuba o de Venezuela en este tiempo no hubiera servido para nada.

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Compartiendo el nefasto diagnóstico de la visita que hace Óscar Elías, hay un error de raíz: el único responsable de que el Rey realizara ese viaje a Cuba es el presidente del Gobierno en funciones –absténganse los poetas– de España, Pedro Sánchez. Para bien y para mal, nuestra Constitución concede un papel puramente representativo a la monarquía, y ocasionalmente mediador. Así, el rey es el Jefe del Estado y representa siempre a España pero no gobierna, esa función está reservada al poder legislativo –Parlamento– y al ejecutivo –Gobierno–.

El Rey intentó posponer el viaje a Cuba para evitar abandonar España en una semana tan delicada. El Gobierno de Sánchez se lo impidió, al igual que vetó su encuentro con la disidencia cubana. Y además, el líder socialista ocultó hasta el final sus intenciones de abrazarse a los comunistas de Podemos pocas horas después del incierto resultado electoral y aprovechando vilmente la ausencia de Felipe VI. Dicen los periodistas especializados que esto causó un gran enfado en la Casa Real, si bien otra de las características de nuestra monarquía parlamentaria es que el Rey no expresa opiniones sobre la acción política que, como su propio nombre indica, corresponde a los políticos.

Con todo y en justicia, lo cierto es que fue precisamente la intervención del Felipe VI lo que convirtió una visita deplorable en una gran ocasión para decirle a la escoria castrista lo que nadie se atreve a soltarle a la cara. En el diminuto rango de acción que tuvo, el Rey actuó, y nos dio a todos el placer de arrojarle al dictador cubano un discurso que fue una enérgica reivindicación de la democracia y del cambio de régimen en Cuba. “Los españoles hemos aprendido que es en democracia como mejor se representan y se defienden los derechos humanos, la libertad y la dignidad de las personas, y los intereses de nuestros ciudadanos”, dijo Felipe VI.

La mayoría de los españoles estamos firmemente comprometidos con la libertad en Cuba. Hasta ahora sólo los minoritarios comunistas de Podemos mostraban simpatías hacia el chavismo y el castrismo, sus padrinos políticos. Hoy, por la falta de escrúpulos de Sánchez y Zapatero –a la sazón, su ministro de Exteriores de facto–, el PSOE también apoya a los regímenes comunistas con su ambigüedad partidista e inmoral. No así la mayoría de españoles, que amamos Cuba y la libertad. Y el primero de esos españoles, sin ninguna duda, es el Rey Felipe VI.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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