lunes 2  de  marzo 2026
OPINIÓN

En los negocios no hay amigos ni enemigos eternos, solo intereses eternos

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

Decía Lord Palmerston, en una frase célebre de la geopolítica británica del siglo XIX, que las naciones no tienen amigos ni enemigos permanentes, solo intereses permanentes. Mi suegro solía citar esta máxima con frecuencia y el tiempo le ha dado la razón absoluta. Especialmente cuando miramos el teatro de las grandes tecnológicas hoy en día.

Vivimos en una era de disonancia cognitiva. Por un lado, tenemos el mundo de las redes sociales, un ecosistema diseñado para amplificar las emociones viscerales: la ira, el fanatismo, la burla. Es el lugar donde Elon Musk y Mark Zuckerberg pueden desafiarse en una pelea en una jaula, generando millones de clics y pasiones tribales. Pero si apartamos la cortina de humo de esas emociones digitales y miramos con la frialdad de un cocodrilo, esa mirada que solo busca la supervivencia y el beneficio, nos encontramos con la realidad de Wall Street: aquí no hay lugar para el odio, solo para los hechos.

El ejemplo más brutal y reciente de esta verdad es la silenciosa pero multimillonaria alianza entre Google (Alphabet) y SpaceX.

El dinero no tiene ideología

A simple vista, Google y el imperio de Musk parecen estar en las antípodas ideológicas. Google, con su IA Gemini, representa para muchos la cultura corporativa institucional, cuidadosa y, según sus críticos, "woke". Musk, con Grok y X, se posiciona como el rebelde anti-sistema y políticamente incorrecto. En la arena de las redes sociales, sus bases de fans se detestan.

Pero en los libros de contabilidad, son los mejores socios de la historia. Según reportes recientes, Google cosechará una de las ganancias más extraordinarias en la historia del capital de riesgo. En 2015, Google invirtió 900 millones de dólares en SpaceX por una participación del 7%. En aquel momento, la inversión fue vista con escepticismo; el Wall Street Journal cuestionaba si SpaceX podría siquiera pagar las terminales terrestres o conseguir los derechos de espectro.

Diez años después, las emociones y dudas quedaron atrás. Si SpaceX sale a bolsa en 2026 con una valoración de $1,5 billones de dólares, más de un trillion estadounidense, como indican los rumores acompañados por un escueto "preciso" de Musk en X, la participación de Google valdrá aproximadamente $111.000 millones de dólares.

Hablamos de un retorno de más del 12.000%. El dinero no tiene olor, ni partido político, ni rencor y Google ya reportó $8.000 millones de dólares en ganancias "en papel" solo en el primer trimestre de 2025 gracias a esta apuesta. Para una empresa de ese calibre, que el 25% de sus ingresos netos trimestrales provenga de una inversión pasiva en la empresa de un "rival" ideológico, es la prueba definitiva de que los intereses mandan.

La competencia de facto y los andariveles paralelos

El público se distrae con la narrativa de la "guerra de titanes", pero la realidad operativa es una "co-opetencia" pragmática. Google y SpaceX corren en andariveles distintos que a veces se cruzan para beneficio mutuo.

Más allá de la inversión financiera, existe una integración estructural: SpaceX utiliza Google Cloud para potenciar la red de satélites Starlink. Musk pone los cohetes y los satélites; Google pone la infraestructura de datos en tierra. ¿Se odian? Probablemente no se invitarían a cenar a casa, pero se necesitan para dominar el mercado.

Hechos sobre emociones

Las redes sociales son el coliseo de las emociones, donde el público aplaude o abuchea la "pelea" del día. Pero los negocios son silenciosos y se basan en hechos. La próxima vez que veamos un titular incendiario sobre la rivalidad entre magnates, recordemos la lección de mi suegro: eso es solo ruido para la galería.

La realidad es que, mientras en X se discute sobre ideologías, en las oficinas de Palo Alto y Boca Chica se firman acuerdos. Porque al final del día, nadie es tan enemigo como para rechazar $111.000 millones de dólares. Los amigos van y vienen; los intereses, y los retornos de inversión, son eternos.

Las cosas como son.

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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