Estudiar la historia de los Estados Unidos deviene una de mis pasiones. Aun cuando juré que las matemáticas, junto al periodismo, me acompañarían durante toda mi vida, es gratificante, por estos días, adentrarme en algunos de sus sucesos más trascendentes, ante la propuesta de impartirla como asignatura durante el próximo curso escolar.

Por eso, y a tono con un verano abocado a una avalancha futbolística, he intercalado la búsqueda de los hitos históricos enfatizando en el equipo femenino de este país. Siempre sorprende el empuje de las mujeres para derruir las barreras sociales impuestas por siglos: las futbolistas estadounidenses, no son la excepción. Quizás, pocos recuerden aquellos días de 1991 en que alcanzaron la gloria, al ser campeonas del Mundial de la FIFA desarrollado en China.

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Fue trascendente para este país la ley federal de 1972, que impedía la discriminación deportiva por concepto de género, al posibilitar a hombres y mujeres el acceso a cualquier práctica deportiva.

El fútbol comenzaba a arraigarse. Muchas niñas soñaban con brillar como Michelle Arkers, quien se elevó hasta la cima del fútbol mundial al obtener la Bota de Oro, o Karin Jennings, merecedora del Balón de Oro como mejor jugadora en esa Copa del Mundo. Si Brasil, Alemania, Argentina, Italia, Francia, Holanda o España dominaban el fútbol masculino mundial, en el universo femenino lo hacía una nueva nación.

Es inobjetable que el debut de la Women’s Professional Soccer en 2009 fue uno de los sucesos deportivos a inicios de este siglo, no exento de dolor, al ver como, dos años después, debió disolverse por la falta de patrocinadores. Eran tiempos en que algunas se aferraban a la sentencia que marcó una época: “Soy real, no perfecta. Por eso, juego al fútbol”. El camino era escabroso, cuando no lo ha sido, pero si la condición de mujer es sinónimo de belleza, el deporte más bello del mundo no exige maquillaje, solo talento e imaginación.

Lo reafirmaba viendo a Christen Press elevarse sobre la defensa inglesa en el minuto 10 del partido de semifinales con Inglaterra en este mundial de fútbol femenino Francia 2019. Ella es una de las jugadoras aglutinadas en la National Women’s Soccer League (NWSL) surgida en 2013, espero de manera perdurable, que cobija a muchas de las grandes estrellas del fútbol femenino en el planeta.

El fracaso del equipo masculino, al no clasificarse para Rusia 2018, es suplido por una pléyade de jóvenes lideradas por Megan Rapinoe y Alex Morgan, quienes junto a la inglesa Ellen White, se disputan la Bota de Oro en este mundial. Sus éxitos deportivos se erigen en pilares de sus demandas de pagos igualitarios a los hombres, pues mientras ellos reciben 13.000 USD como bono por partido, ellas obtienen 5.000 USD, siendo superior su recaudación a la lograda por los hombres, según asegura el diario The Wall Street Journal.

La semifinal de este martes entre Estados Unidos e Inglaterra fue uno de los sucesos futbolísticos del mundial femenino. Basta rememorar el minuto 19, cuando Ellen White entró como un bólido en busca de uno de los palos y marcar el empate 1-1 al batir a una Alyssa Naeher que, tras el error defensivo que le abrió la puerta a España, no ha permitido libertades en su puerta.

El gol de White fue su sexto en el mundial, pero 12 minutos después la capitana estadounidense Alex Morgan festejó su 30 cumpleaños, con un golazo, a la postre definitorio, que puso el marcador 2-1. La estrella despertaba del silencio anotador, marcó 5 en la victoria 13-0, frente a Tailandia, empatando con White como líderes goleadoras.

En el segundo tiempo las inglesas presionaron una y otra vez. El árbitro madrileño Carlos del Cerro Grande, quizás nunca imaginó que se robaría el protagonismo. El VAR devino “Gran Hermano” de las estadounidenses, al anular el gol de Ellen White, en el minuto 67, al patear de zurda en posición fuera de juego.

Las leonas inglesas no cejaron en el ataque. En el minuto 78 Sauerbrunn, intentando bloquear a la propia White en el área chica, le hizo falta, apreciada con la ayuda del VAR. Sin embargo, el cobro de Houghton sorprendió a todos por la poca fortaleza del disparo y la precisión de la portera estadounidense Alyssa Naeher al lanzarse a su derecha, apagando las últimas esperanzas de las europeas en el partido.

La segunda tarjeta amarilla para Bright, por falta sobre la capitana de las norteñas Alex Morgan en el minuto 87, frenó a las inglesas en su empuje ofensivo y, con él, frustró el sueño de un empate. Estados Unidos obtuvo una victoria 2-1 y está en la final.

Atrás quedaron estrellas históricas como Mia Hamm, Abby Wambach o Hope Solo. Pero una nueva hornada de jugadoras sigue arrastrando a millones de hinchas en todo el mundo, lo corrobora Nike, quien vio como la camiseta de la selección es la prenda más vendida por esa firma de ropa deportiva. El partido de cuartos de final entre Estados Unidos y Francia marcó récords históricos, al cotizarse las entradas más baratas a 425 dólares cada una, elevándose en reventa hasta 11.000 USD.

Ello demuestra que la fe y el empuje de aquellas jóvenes estadounidenses que, apoyadas en la ley federal de 1972, se lanzaron al terreno de juego a hacer valer su derecho a disfrutar del deporte más bello del mundo, no fue en vano, están a las puertas de su cuarto título mundial.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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