Sin dudas somos el país que más encuestas produce. Así mismo esa cantidad determina que haya algunas rigurosamente fundamentadas y otras frívolas. Si mal no recuerdo, nuestra ciudad estuvo en un lugar promedio con respecto a las llamadas urbes más felices. Creo que es sumamente complejo medir el grado de felicidad en un conglomerado humano. Mis padres me advertían, desde temprano, que la felicidad no resplandece de manera permanente, tiene sus contratiempos, pero que nunca debemos cesar de buscarla. Es parte de la condición humana.

Dos encuestas recientes, algo más científicas, afirman que las nuevas generaciones de hispanos se enteran más de sus noticias en medios online, relegando la televisión y la radio a un segundo plano y la prensa escrita, en algo así como una tercera opción.

Resulta razonable esta conjetura, la tarde que el puente peatonal de FIU en la Calle 8 se vino abajo yo estaba en una reunión e inmediatamente el teléfono comenzó a transmitir la lamentable noticia. No hubo tiempo ni para televisión y mucho menos para la radio. Luego esas mismas plataformas tradicionales profundizaron en las circunstancias del accidente, lo afrontaron desde ángulos diversos, pero lo cierto fue que la noticia llegó, al instante, en una de las tantas pantallas inteligentes que nos mantienen conectados a la sociedad que nos circunda y al mundo en general.

La nueva generación, los llamados milenios, están disfrutando más que ninguna otra del dinamismo científico y tecnológico que nos contagia. Otra encuesta, sumamente atractiva, los contrapone a la llamada Generación Silenciosa, la que sería de sus abuelos, los nacidos antes de 1946, con 72 años o más de edad.

Los milenios están entrando ahora a la adultez, tienen de 21 a 36 años. En total, el análisis desglosa lo acontecido en medio siglo. El primero de los resultados me resulta muy satisfactorio por obvias razones. En el fondo es la expresión de nuestro trabajo, un empeño que nos honra sobremanera: los jóvenes de hoy están mucho mejor educados que la Generación Silenciosa. Sobre todo, entre las mujeres que han superado por cuatro a sus predecesores con diplomas de licenciatura.

El género masculino tampoco se queda a la zaga, tres de cada diez milenios (29%) ostentan una licenciatura en comparación con la generación de sus abuelos de solo un 15%. La conclusión es sumamente esperanzadora para los Estados Unidos, los milenios, especialmente las mujeres, están llamados a ser la generación más educada de la nación cuando terminen sus jornadas académicas.

De tal modo, las féminas tienen hoy siete puntos porcentuales más que sus contrapartes masculinas para terminar una licenciatura y muchas más participarán de las tareas laborales. En 1965, cuando las mujeres de la Generación Silenciosa eran jóvenes, la mayoría, un 58%, no se encontraban trabajando y 40% estaban empleadas. Hoy esas cifras han variados ostensiblemente, el 71% de mujeres milenios, se encuentran laborando.

Ni hablar de que el componente racial actual ha variado de manera ostensible. En el 2017, 56% eran blancos no hispanos, comparado con la generación de sus abuelos que era de 84%. Entre los milenios y los silenciosos la comparación de blancos no hispanos es de 21% a 4%. La población asiática también ha aumentado, aunque, curiosamente, los afroamericanos se han mantenido estables.

Sigo pensando que Estados Unidos marca la pauta del futuro. No obstante nuestros tropiezos, ninguna otra nación puede mostrar una riqueza étnica, ni integral como la nuestra. No podemos perder de vista que los milenios estarán en posiciones de liderazgo en muy pocos años. Espero que ellos no olviden lo importante que ha sido una educación integral para el desarrollo de sus vidas.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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