En general, las elecciones presidenciales rara vez se ganan por un triunfo en política exterior, pero ¿puede acaso haber una excepción a la regla?

El republicano Richard Nixon, quien primero fue vicepresidente de Dwight D. Eisenhower, de 1953 a 1961, tuvo siempre la mente puesta en la presidencia y por eso consideró importante labrarse desde temprano una reputación como potencial líder mundial.

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Nixon viajo frecuentemente al exterior, incluido un viaje a Moscú en 1959 para asistir al American National Exhibition en Moscú. En esa ocasión, el entonces vicepresidnete abrió un debate informal con el líder soviético Nikita Khrushchev sobre los pro y contras del capitalismo y el comunismo.

Una vez que conquistó la Casa Blanca en 1969 buscó mejorar las relaciones con la Unión Soviética y comenzó los contactos con la República Popular de China, convencido de que ganaría créditos políticos en el marco de las tensiones por la Guerra Fría.

Para la administración de Barack Obama (2009-2017), el punto débil fue siempre la falta de experiencia en política exterior, y aunque el asesinato de Osama bin Laden se consideró un impulso importante para su Gobierno en 2011, no fue determinante para su reelección un año después.

Del mismo modo como tampoco la muerte del mayor general Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria iraní, será decisiva para la reelección del presidente Donald Trump.

Sin bien cuando Trump fue recién electo en 2016 declaró “no entregaremos este país a la falsa tonada del globalismo”, la política exterior sigue siendo uno de los terrenos donde Trump aventaja al candidato demócrata Joe Biden.

Durante la era Obama se aumentó el número de tropas enviadas a Afganistán, se lanzó una guerra aérea contra Isis en Irak y Siria, y se produjo ese momento cuando Obama dudó después de que el presidente sirio Bashar Al Assad lanzara ataques químicos contra civiles y no se produjo la prometida respuesta estadounidense.

Trump en cambio, puede enumerar una serie de logros de política exterior que estarán más frescos en la mente del votante a pesar de que la pandemia en Estados Unidos y la recuperación económica bajo los efectos de las crecientes tensiones con China, darán la pauta.

Después de que diferentes administraciones estadounidenses hablaran de la necesidad de llevar la paz a Afganistán, Trump logró la firma de un acuerdo con los talibanes, que podría conducir al fin de la guerra.

Parte del acuerdo es que todas las tropas estadounidenses sean retiradas de Afganistán para mayo de 2021, siempre que los talibanes mantengan su palabra del acuerdo firmado en Qatar, que pondría fin a la participación militar estadounidense en aquel país, después de 19 años de conflicto armado.

La presencia de tropas estadounidenses en Siria es de alrededor 500 efectivos. Así mismo hay una discusión en curso sobre cómo reducir la presencia militar de Estados Unidos en Irak, donde actualmente hay unos 5.000 desplegados.

Es cierto que todavía no ha podido convencer a Corea del Norte para que abandone su programa nuclear, pero el propio mandatario estadounidense aseguró hace poco que consideraría volver a reunirse con Kim Jong-un si hay esperanza de lograr resultados positivos.

Por otro lado, la reciente visita a Washington del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador en el marco de la entrada en vigor, el pasado 1 de julio, del nuevo tratado entre México- Estados Unidos y Canadá para reducir el déficit comercial de Estados Unidos con sus vecinos, sirvió para insertar la idea de que la reactivación económica continúa a pesar de la pandemia y de que Trump es el amigo pro inmigrante de la comunidad latina.

En el aspecto multilateral, Estados Unidos nominó a su alto asesor de la Casa Blanca para América latina, Mauricio Claver-Carone, para presidir el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), una institución que nunca ha estado encabezada por un estadounidense en sus seis décadas de existencia.

Estados Unidos también asume la presidencia del proceso de Cumbres de Las Américas de la Organización de Estados Americanos a realizarse en 2021 en Washington y que promete abundante controversia en temas de alianzas efectivas, cooperación regional, búsqueda y mantenimiento de la democracia.

¿Servirán la OEA y el BID de plataformas para lograr los deseados apoyos de la región en contra de la troika compuesta por Cuba, Venezuela y Nicaragua?

Trump solo ha dicho que algo pasará y que Estados Unidos estará muy involucrado.

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