Aunque la Constitución estadounidense ni siquiera los menciona y el propio presidente George Washington desconfiaba de ellos, la historia sostiene que los partidos políticos en Estados Unidos aparecieron gracias a una disputa entre dos de los padres fundadores, Thomas Jefferson y Alexander Hamilton, que abordaron cuánto poder otorgar al Gobierno federal.

Desde sus inicios en 1854 y luego de sus posiciones en contra de la propagación de la esclavitud, el Partido Republicano se ha definido a sí mismo como el protector de la libertad individual.

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Según el Comité Nacional Republicano, sus miembros favorecen la acción limitada del gobierno para preservar la santidad del individuo, fomentar la libre empresa y la prosperidad económica. Se declaran en pro de los bajos impuestos, de una fuerte defensa nacional y de menos gasto público en programas sociales.

Sin embargo, a pesar del orgullo por su herencia, la impresión general es que el gran partido tradicional, o GOP, se encuentra en busca de una nueva identidad política, después de los desalentadores resultados de las pasadas elecciones y las rencillas entre los dos líderes más poderosos del partido.

Quien gane esta batalla de ingenio, decidirá el camino a seguir durante los próximos cuatro años o más.

Los personajes son por supuesto el expresidente Donald Trump y el exlíder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell.

Desde el segundo juicio político a Trump, que terminó con su absolución, ambos copartidarios, aliados y socios durante mucho tiempo, se han convertido en rivales por el alma del partido.

La pérdida de la Casa Blanca y el Senado en 2020 y los señalamientos del legislador hacia Trump, como supuesto responsable moral de la violenta toma del Capitolio el pasado 6 de enero, abrieron las heridas.

Fue una jugada política arriesgada de McConnell absolver a Trump por la acusación constitucional y poner al mismo tiempo el dedo acusador sobre él: “No hay duda de que el presidente Trump es práctica y moralmente responsable de provocar los eventos del día”, dijo el senador en ese momento.

Trump devolvió el golpe, recordando que el legislador no representa el poder real dentro de la agrupación: “El partido Republicano nunca podrá ser respetado o fortalecerse con líderes políticos como el senador Mitch McConnell a la cabeza”, dijo Trump, advirtiendo que, si los senadores republicanos se situaban del lado del parlamentario por Kentucky, nunca ganarían.

Habrá una intensa competencia por escaños entre aquellos que son partidarios de Trump y los que se inclinan por seguir la línea McConnell, que es básicamente poner al expresidente de lado y reorganizar el partido.

En realidad, parece imposible que los candidatos que se enfrenten a la reelección o a una campaña por primera vez ignoren la influencia de Trump.

El ejemplo perfecto de este dilema se puede ver en Pensilvania.

El escaño republicano en el Senado quedará vacante el próximo año porque su titular, el senador Pat Toomey, no se postulará. Richard Burr por Carolina del Norte también pasará a retiro.

Bill Cassidy por Luisiana, Susan Collins de Maine y Ben Sasse por Nebraska ganaron la reelección en noviembre pasado, mientras que Lisa Murkowski de Alaska y Mitt Romney por Utah tienen seguidores leales en sus distritos electorales a pesar de su oposición a Trump, aunque Murkowski enfrenta la reelección el próximo año.

Por su parte, el exestratega de Trump en la Casa Blanca Steve Bannon advirtió que cualquier candidato que quiera ganar en su estado deberá ser miembro inscrito en el movimiento de Trump Haciendo Grande a América o Make America Great Again (MAGA).

Las declaraciones de Bannon no hacen más que ilustrar porque el voto de Toomey que condenó a Trump fue a su vez condenado por funcionarios del partido y comités políticos en Pennsylvania. Esto hará aún más difícil el camino para candidatos moderados que aspiren a reemplazar a Toomey, a menos que demuestren lealtad al expresidente.

Según la revista Newsweek, aunque mucho se ha hablado de la postulación de Trump para la Casa Blanca en 2024, Bannon sugirió que primero debería aspirar a un escaño en el Congreso en 2022 con la mira puesta en el cargo de presidente de la Cámara de Representantes y así destronar a su rival demócrata Nancy Pelosi.

Trump y el trumpismo siguen siendo una fuerza poderosa dentro del Partido Republicano, la pregunta es cuán fuerte es para ponerlo bajo su egida.

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