La inflación es tan grande en Cuba que los billetes más frecuentes son los de mil, quinientos y doscientos. Claro, decayó el poder adquisitivo y se compra con más cantidad de dinero menos alimentos que en meses anteriores. Ahora la suerte es tener un familiar en el extranjero para poder adquirirlos por internet, no con pesos cubanos sino en dólares. Qué difícil es ver un peso cubano, parece desterrado del país. No obstante, les recordaré un cuento popular sobre este billete.

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En 1961, con la consolidación del régimen castrista, uno de los signos de su dependencia temprana a la Unión Soviéticos fue la producción de los billetes cubanos en la Imprenta Nacional de Valores de la República Socialista de Checoslovaquia. Esta situación de subyugación servil a los soviéticos se hizo más evidente y deplorable cuando Fidel Castro apoyó públicamente la invasión y ocupación soviética de Checoslovaquia en 1968.

En el billete castrista impreso en Checoslovaquia por el valor de un peso, en el anverso se observa el grupo de guerrilleros barbudos en su entrada en La Habana, 8 de enero de 1959. Fidel y sus compañeros de las lomas se ven sobre un trasporte militar, casi una decena, sin embargo, en la realidad el vehículo estaba repleto de personas militares. Claro, Fidel había aniquilado a casi todos sus comandantes y compañeros para 1961; aunque Camilo Cienfuegos ya lo habían desaparecido, sí aparece junto a Castro en ese billete.

El cuento popular es sobre la representación gráfica del billete de un peso, expone a Fidel parado a la izquierda y a Camilo a la derecha, ambos juntos y tienen levantados sus brazos, Fidel el derecho y Camilo el izquierdo, señalan a las edificaciones, y están rodeados de una muchedumbre y una persona común con sus dos brazos levantados hacia las figuras de los comandantes.

Asimismo, se observa la presencia de algunos edificios característicos de La Habana. La voz popular especifica que Fidel señala con su brazo a una propiedad y dice esto es mío y Camilo en la misma posición alega esto también es mío, con respecto a otro inmueble. Y la persona con los dos brazos alzados pregunta y lo mío, ¿cuál es? Entonces, el cuentero dobla el billete de forma vertical y desaparece la imagen de Camilo y el brazo derecho levantado de este lo une al cuerpo de Castro. Y reitera Fidel: ¡Ahora todo es mío!

En verdad, Fidel convirtió a la isla en un gran latifundio de su propiedad. Se comenta que tenía alrededor de 60 casas y en todas, había que preparar los opulentos y exquisitos desayunos, almuerzos y comidas por si aparecía por esos contornos el comandante; mientras el pueblo cubano estaba en la igualdad de la miseria. Pero antes de realizar toda esa maniobra de estatalización de la propiedad, administrada por el Partido Comunista y cuidada celosamente por la policía política (DSE) tuvo que fusilar, encarcelar y desterrar a parte del pueblo.

En enero de 1959, Fidel y Raúl ordenaron el fusilamiento en fosa común a 71 personas relacionadas con el ejército republicano, en juicios sumarios, amañados y sin garantías procesales, incluso algunos de los soldados eran neófitos en sus servicios. Tan escandaloso fue ese genocidio que los Castro ordenaron exhumar los cadáveres y echarlos a la fosa de Bartlett, Mar Caribe. Esto se conoce como la Masacre de Santiago de Cuba.

A la desaparición y muerte de Camilo Cienfuegos, 28 de octubre de 1959, ya Fidel había fusilado casi un millar de personas. En realidad, en ese primer año de mandato ejecutó por motivos políticos a 972 personas y secuestró el poder de la nación, pronunció su tristemente célebre frase de ¿Elecciones para qué?, y a sangre y fuego logró la implantación de su tiranía comunista.

En sus prolongados años en el poder del país, el dictador Fidel Castro se convirtió en un poderoso mafioso con ínfula de estadista. Su mal habida fortuna lo hizo tan rico que fue catalogado como el séptimo gobernante de más riquezas en el mundo por la revista Forbes. También Raúl y sus secuaces más cercanos disfrutaban de esos bienes y recursos financieros robados al pueblo cubano y construyeron sus propias fortunas.

El tiempo dio la razón y se cumplimentó el adagio de que “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” y Fidel Castro en su avaricia construyó un narco-estado y aplicó el narcoterrorismo en la injerencia en muchos países, exportando su malévola y putrefacta revolución, en especial a Venezuela chavista-madurista y Argentina de los Kirchner.

Ahora los revolucionarios tiemblan de miedo, pues tienen presos a sus testaferros de sus revolucionarias andanzas delictivas y con petición de extradición a los Estado Unidos, como El Pollo Carvajal y Alex Saab; y al finado exfutbolista Diego Armando Maradona, a sus cómplices les tienen una denuncia judicial en su país por tráfico de personas y corrupción de menores con fines sexuales, quizás se confirme su favoritismo en el tráfico y lavado de dinero de la droga castrocomunista.

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