@navarroadris

La fidelidad es sin duda alguna la respuesta que dan la mayoría de las personas, “sólo conmigo y con nadie más”, pero en la práctica, y más en una ciudad como Miami, podemos vernos contentos si logramos lealtad “conmigo, aunque patines, pero hasta el final”.

Definir la palabra fidelidad es asunto complicado, cada pareja tiene sus propios códigos y lo que aplica para unos no necesariamente aplica para otros, incluso dentro de una misma relación. ¿Cuál es esa línea intangible que separa lo tolerable de lo intolerable? Un beso, una mirada, un encuentro sexual, mensajes de texto cariñosos, ver pornografía en solitario… ¿Qué te haría sentirte víctima de una traición?

Las respuestas que obtuve en mi labor de reportera fueron diversas pero todos coincidieron en el mismo punto: aquello que hace sentir la pérdida de la persona amada y una estocada directa a tu ego, tu yo.

Los parámetros que ocasionan este dolor son tan diversos como paradójicos. Recuerdo uno de mis reportajes sobre swingers (intercambios de pareja) en el que los protagonistas no consideraban infidelidad ver a sus seres amados en manos de otros u otras. “Si lo veo y lo permito, no hay traición”, decía uno de ellos. Es más, añadía, “hasta lo disfruto”. En el otro extremo, están aquellos para quienes hablar, o incluso mirar al que “no se debe”, es motivo suficiente para finiquitar una relación.

A diferencia de épocas pasadas, donde el hombre crecía, se apareaba, tenía hijos y posteriormente moría joven, hoy en día el ser humano vive una media de 80 años (en países desarrollados) bajo una estructura social y moral que obliga, ante los ojos de Dios y de la sociedad, a quedarte con el mismo hombre o la misma mujer por muchos años.

Incluso el aspecto sexual ha sufrido una revolución, los 60 de ahora son los 40 de antes, sin contar como el uso de la viagra y otros mecanismos, por ejemplo la bombita, levantan lo que antes era impensable a cierta edad.

La pregunta es ¿Está el ser humano diseñado genéticamente para tener sexo prácticamente toda una vida con la misma persona?

Hace unos años científicos en Suecia descubrieron el gen RS334 que bautizaron como el de la infidelidad. Según esas investigaciones, se trata de “un gen masculino que influye en ser promiscuo o monógamo o incluso en la capacidad de lograr una convivencia feliz con la pareja”. Vamos, un hallazgo que yo no pongo en duda, pero que viene como anillo al dedo a más de uno.

Eso sin contar el factor “tentación” tan presente en esta ciudad del sol, donde enseñar carne y músculos es lo más habitual. ¡Ah! y qué decir de los trabajos, primeros hogares para muchos, donde el roce con los compañeros y compañeras lleva, a veces, al cariño y de ahí, a lo demás. Realidades que, aunque no nos gusten, están presentes y por desgracia, nos toca torear.

En la generación de nuestros padres y abuelos las rupturas matrimoniales brillaban por su ausencia y menos por temas que implicaran el termino infidelidad, lo cual no significa que no existiera, sólo que era más difícil descubrirla (no había smartphones, por ejemplo) aunque también es cierto que el sexto sentido de las mujeres siempre ha estado ahí. Igual si lo descubrían normalmente chiflaban y miraban a otro lado, porque en el fondo ambos sabían que tenían o querían llegar juntos hasta el final y precisamente eso, que muchos critican, forma parte de la lealtad, asumir que si bien los caminos tienen piedras y dificultades, con amor y arrepentimiento todo se puede superar y que, mientras dos personas decidan seguir remando juntos en la misma dirección, merecen el respeto de una segunda oportunidad porque lo que hoy puedas criticar, mañana, te puede pasar.

*Adriana Navarro  es reportera y presentadora de AméricaTeve Canal 41 de Miami. Desde hace años está a cargo del segmento “Vivir Mejor” en el noticiero de las 5 de la tarde donde aborda temas de salud, belleza, gastronomía, cultura y educación.

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