lunes 30  de  enero 2023
OPINIÓN

¿Funciona el culto a la personalidad en política?

La creencia general es que las plataformas sociales han instituido un culto de adoración por un líder carismático, pero los hechos demuestran que este fenómeno viene de larga data

Diario las Américas | SONIA SCHOTT
Por SONIA SCHOTT

No hay duda de que las redes sociales han cambiado el mundo en que vivimos y la política se ha visto particularmente beneficiada al usar en su provecho el privilegio de una comunicación directa entre candidatos y electores. Sino, que lo diga Barack Obama, quien fue el primer aspirante presidencial en utilizar exitosamente las plataformas sociales durante las elecciones en 2008.

Y cómo olvidar el uso que Donald Trump hizo de Twitter durante su presidencia, escapando el filtro de los medios tradicionales.

La creencia general es que las plataformas sociales han instituido un culto de adoración por un líder carismático, pero los hechos demuestran que este fenómeno viene de larga data.

“El culto a la personalidad tiene una larga historia en los asuntos humanos”, según un artículo de Robert Strunsky de 1956, publicado en The American Scholar, la revista trimestral de asuntos públicos, literatura, ciencia, historia y cultura de la Sociedad Phi Beta Kappa.

“Plutarco, -filósofo griego que vivió entre 46 y 120 D.C- dijo que escribir sobre la vida de hombres famosos le sirvió como una especie de espejo, en el que podría ver cómo ajustar y adornar su propia vida. Esta ha sido la visión tradicional de la función de la personalidad y el papel que ha desempeñado universalmente. Se ha desarrollado como consecuencia del surgimiento periódico de individuos únicos, cuyas ardientes cualidades de pensamiento, conducta y temperamento han provocado la admiración suficiente como para servir de modelo para otros y, en ocasiones, para la humanidad. Dadas las circunstancias, existe una fascinación peculiar en la tesis soviética del culto a la personalidad, revelada por el reciente cambio de rumbo de la doctrina comunista”, sostuvo Strunsky, constatando cómo ese culto a la personalidad que se convirtió en concepto político, para Josef Stalin, el líder soviético quien, en 1930, se valió de todo tipo de pinturas, fotografías, afiches o banderas, para exaltar su imagen.

Eventos recientes también nos demuestran, que la fama proveniente de ese culto a la personalidad puede ser efímera como la espuma.

El gobernador de New York, Andrew Cuomo, es el mas reciente ejemplo de cómo se puede estar un día en la cúspide y al siguiente caer en el abismo. Su carrera política, incluidas sus aspiraciones para llegar a La Casa Blanca, se desvanecieron ante las acusaciones en su contra por acoso sexual en el trabajo.

Ahora, tomando en cuenta que Joe Biden,es el presidente de mayor edad en servir en el cargo, no es seguro que busque la reelección en 2024, lo que convertiría a la vicepresidenta Kamala Harris en la heredera natural para optar por la presidencia demócrata. “Sin embargo, muchos demócratas dudan abiertamente de la capacidad de Harris para derrotar a Trump (en caso de que se presente de nuevo)”, según un artículo publicado recientemente en The Atlantic, escrito por Peter Nicholas.

El principal problema para ella son las exageradas expectativas sobre su desempeño como primera mujer de color en la vicepresidencia, especialmente después de su enérgico pero fallido intento por ganar la nominación presidencial demócrata en 2020.

Hay que decir que, en sus primeros siete meses, como brazo derecho del presidente Biden, no ha logrado labrarse un perfil específico al frente de ningún tema en particular.

Cuando hace algún tiempo le preguntaron cómo veía su papel de vicepresidenta respondió que su primera responsabilidad es apoyar al jefe de Estado en la implementación de sus políticas.

Si bien esta devoción es admirable, no la ha ayudado con sus compañeros demócratas para pensar en ella como el relevo de Biden.

Tal vez la actitud discreta de Harris obedece a un cálculo político, por lo que pudiera estar esperando el momento oportuno para demostrar sus habilidades para gobernar.

El problema es que Washington siempre mira a futuro y, aunque Biden solo ha estado en el cargo por unos meses, todos tienen la vista puesta en las elecciones de 2022 y luego en 2024. Y si se percibe que Harris no está a la altura del desafío, se comenzarán a buscar otras alternativas.

Aunque se han filtrado comentarios sobre discrepancias en la oficina de Harris, destacando conflictos de personalidad, quizás ahora sea el momento para que la vicepresidenta emerja de las sombras y demuestre que tiene lo necesario para ser presidenta.

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