En los casi 30 años que he representado a nuestra comunidad en el Congreso, he tenido experiencias inesperadas. Nuestra gran nación me brindó, una exiliada cubana, la oportunidad de luchar contra déspotas y dictadores, trabajar con otros países para pedir cuentas a regímenes antidemocráticos y, junto con mis colegas, luchar en defensa de los Derechos Humanos. Estos honores nunca se me olvidarán y continuarán conmigo por el resto de mi vida. Pero el honor más grande ha sido ayudar a los residentes de mi distrito.

Trabajar por cada persona que acudió a mi oficina es, y siempre ha sido, la parte más importante de mi labor. Desde mi primer día como congresista, hasta las últimas semanas antes del cierre de mi oficina en Miami, nuestras puertas siempre han estado abiertas para ayudar a cada persona. He hecho todo lo posible desde mi cargo para ayudar al joven que busca una nominación a una academia militar, al vecino que está solicitando algo a las autoridades de inmigración y las personas de la tercera edad que están teniendo dificultad para recibir su pago del Seguro Social.

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He tenido la oportunidad de ayudar a personas de todas las áreas de nuestra comunidad. Hemos visto casos simples y casos complicados, casos de vida o muerte, y casos que han cambiado la vida de muchas personas. También he trabajado para ayudar a los dueños de pequeños negocios y a las familias de nuestra comunidad, apoyando proyectos de ley para bajar los impuestos y eliminar el peso de las regulaciones.

Durante desastres naturales, como el huracán Andrew en 1992 y, más recientemente, el huracán Irma, siempre intenté ayudar a cada persona a conseguir asistencia de agencias federales como FEMA. También gestioné para ayudar a cada refugiado político con el proceso de solicitud de asilo. Y, como ya mencioné, a cada inmigrante con sus peticiones a Inmigración.

El servicio público se desempeña en base al residente del distrito. Por eso he dedicado toda mi capacidad en estas décadas para asegurar que siempre tuvieran algún apoyo en mi oficina. Mientras culmina esta época de mi vida, el luchar por los constituyentes, mis vecinos y amigos, siempre será lo más importante. Desde cuando fui maestra hasta que fui legisladora estatal y más luego representante federal recordaré la importancia de cada persona que acudió a mi oficina en busca de ayuda de una agencia federal.

Para concluir, agradezco a todos los que me dieron su apoyo por casi tres décadas y confiaron en mí como su representante. Muchas gracias y les deseo a todos un feliz y saludable nuevo año.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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