Durante lo que va del año 2020, el mundo se ha unido contra el coronavirus. Se trata de una guerra de todas las naciones contra un solo enemigo que cobra víctimas mortales por donde deja su paso. Mientras la comunidad científica internacional avanza contra reloj por encontrar una cura, los líderes de todos los países toman decisiones medulares para garantizar la vida de sus ciudadanos. Honduras no es la excepción.

El presidente Juan Orlando Hernández ha asumido la gravedad del riesgo que representa esta amenaza pandémica. Las autoridades sanitarias contabilizan menos de 10 pacientes con resultado positivo de COVID-19, sin embargo, tan solo su sospecha de presencia en la región amerita tomar medidas contundentes para contener la diseminación.

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A través de un decreto, el gobierno hondureño ha restringido el libre tránsito en ese país para reducir al máximo el riesgo de propagación del letal virus. Con puntuales excepciones, toda la población de esa nación centroamericana debe acatar esta restricción civil, amparada en los poderes legítimos del Estado.

Las personas pueden dirigirse a los establecimientos de adquisición de alimentos o de prestación de servicios básicos y de salud. Luego deben retornar a sus hogares. Con detalles descritos en el documento oficial, el decreto faculta a las fuerzas del orden de Honduras a arrestar a cualquier persona que viole el establecimiento de estas medidas vigentes durante los próximos días.

En otras circunstancias, la definición de “toque de queda” podría resultar una amenaza contra las libertades públicas. No obstante, el planeta entero está al frente de un evento que, incluso, atenta contra el orden mundial. No es descabellado pensar que a partir de la superación de esta crisis, se estará escribiendo otro capitulo de la evolución social. No escogimos estar en esta etapa de la construcción del mundo, sin embargo todos debemos unirnos hacia el mismo propósito: vencer al coronavirus.

En Honduras, el gobierno también a ordenado el cierre de fronteras; una decisión que impide el incremento de peligro por un eventual contagio con personas infectadas procedentes de otras naciones, aledañas al hemisferio.

El mensaje del presidente Hernández es sencillo, “lo mejor es quedarse en casa”. Como ciudadanos, es momento de mostrar ese elevado grado de madurez humana para que las acciones individuales se conviertan en la fortaleza de multitudes.

El impacto de este virus también está dirigido hacia las economías, el daño es de amplio espectro. La presidencia de Honduras se ha comprometido con la atención de las micro y pequeñas empresas, así como de la industria del turismo, en la disminución de pérdidas, de las que aun no hay estimaciones pero se prevén notorias.

Oportunamente, el gobierno hondureño insta a la banca privada de ese país para considerar el refinanciamiento del sector agrícola y en cada una de las etapas de la cadena de producción en este rubro.

El desafío de la humanidad está en nuestras manos. Desde Honduras, se expone la posibilidad de salir a delante con el sostenimiento de las estructuras de un país soportado en la legalidad y la confianza hacia su gobierno. Ahora, es tarea de los ciudadanos convertirse en partícipes de esta gran misión de vida.

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