Con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, el Partido Demócrata está esperando todavía si el exsenador y exvicepresidente de la administración Obama, Joe Biden, finalmente incluirá su nombre en la larga lista de aspirantes a la Casa Blanca, en 2020.

No hay duda de que Biden, quien es un político de larga data, ha estado siempre tentado a probar su suerte y poner su carisma natural y experiencia al servicio del país como mandatario. Sin embargo, nunca antes se concretaron sus aspiraciones por varias razones: su familia, su preocupación por reunir los fondos suficientes para su campaña y seguramente sus propias interrogantes sobre si intentar una vez más el puesto más codiciado en la política, luego de haber buscado sin éxito la nominación presidencial demócrata en los años 1988 y 2008.

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Pero Biden tiene ahora otro desafío aún mayor que enfrentar y puede ser el que lo obligue a olvidar para siempre su sueño de ser presidente de los Estados Unidos.

En realidad la situación que enfrenta es complicada porque en principio no ha cometido una acción tipificada en derecho como delito, pues no ha sido acusado de maltrato físico o sexual.

No obstante, el exvicepresidente está atrapado en una serie de señalamientos como “contactos inapropiados y no solicitados” que hicieron sentirse incómodas a las mujeres que ahora lo acusan y que han puesto en escrutinio su característico estilo físico de relacionarse políticamente con las personas. Muchas mujeres han revelado detalles de encuentros pasados con Biden, que han descrito como incómodos, inesperados e inoportunos.

Tras las acusaciones contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein, que involucraron presunto acoso sexual y asalto, la conducta de hombres poderosos hacia las mujeres ha sido objeto, más que nunca, de una acuciosa revisión, gracias al movimiento, tanto local como internacional, #MeToo en contra del acoso y la agresión sexual, que comenzó a propagarse en la redes sociales en octubre de 2017, como un intento para demostrar conductas inapropiadas, especialmente en el lugar de trabajo.

Mientras que las afectadas se callaron en el pasado, temerosas de exponer sus experiencias en público, hoy han encontrado la libertad para hablar.

Biden ha caído en la mira de #MeToo no porque haya sido expuesto por una supuesta violación sexual, sino por haber sobrepasado esa línea invisible pero real con las mujeres que conoció durante su desempeño oficial: un beso muy largo en la parte posterior de la cabeza u oler el pelo de alguna otra.

"Me gusta abrazar y besar y soy un poco olfateador" ha dicho Biden sobre su comportamiento.

Las mujeres involucradas han dicho que en su momento se sorprendieron por esa confianza excesiva, que las hizo sentir incómodas.

Ahora, que Biden está considerando postularse para la presidencia, estas indiscreciones pasadas se han convertido en el mayor obstáculo de cara a la nominación presidencial por su partido.

Es cierto que Biden siempre ha tenido la reputación de ser un conciliador nato y negociador por experiencia, alguien en quien se puede confiar. Pero estas acciones pasadas han hecho que las mujeres en particular se pregunten ahora si estaba explotando su posición durante estos incidentes o simplemente estaba demostrando que es un individuo amable y cariñoso.

El propio Biden ha publicado un video en el que promete tomar en cuenta, para el futuro, que las mujeres tienen su propio espacio, aunque no se disculpó, posiblemente porque siente que no hizo nada malo.

Sea lo que sea, sabe que si decide intentar su campaña por la Casa Blanca, su pasado no desaparecerá. Cualquier caricia o beso a mujeres será fotografiado y analizado en público.

El desafío para él es que los estadounidenses no se centren en este aspecto, sino en su agenda de campaña, si es que se postula después de todo, ya que lo sucedido promete eclipsar discursos y políticas y no hay duda de que sus rivales van a tratar de explotar cualquier incidente en el que se crea que Biden esté volviendo a sus viejas prácticas.

Lanzarse a una carrera presidencial ya es de por sí es una decisión difícil, pero para bien, dadas las circunstancias, puede convertirse en su final político.

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