En una Corte de Circuito del Condado de Fairfax, a minutos de Washington DC, se ventila uno de los juicios más importantes de la década: La demanda y contrademanda por difamación y violencia domestica entre el actor Johnny Depp y su exesposa Amber Heard, aunque la trascendencia del litigio yace en que constituye un alegato que busca revisar el fallo previo contra Depp dictado en otra inédita jurisdicción: La del Supremo Tribunal de los Estudios Disney.

Entre 2017 y 2018 la corporación Disney actuó como eslabón de un subrepticio sistema judicial paralelo que superpuso su competencia a la de las cortes del sistema americano; un juzgado sumariante que sin presunción de inocencia, audiencia o descargo adjudicó la culpabilidad de Depp en las alegaciones de su exesposa, ejecutando su propio veredicto de despojar con ignominia al actor del icónico rol del capitán Jack Sparrow desahuciando su carrera cinematográfica.

Te puede interesar

La decisión de Disney desató una reacción en cadena y en otra decisión parajudicial casi simultánea, justificada bajo los mismos argumentos, Warner Bros decidió cancelar el otro rol icónico de Depp: el de Gellert Grindelwald, villano de Bestias Fantásticas, la franquicia precuela de Harry Potter.

Ambas decisiones fueron el preludio de lo que acontecería en enero 2021, cuando los zares de las redes sociales Jack Dorsey y Mark Zuckerberg decidieron prescindir de los tribunales y con un fallo administrativo censuraron y suspendieron los derechos civiles del cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos.

Volviendo al presente, conforme el proceso Depp-Heard avanza queda claro que lo que el actor trajo al juicio público es un alegato moral contra ese sistema judicial paralelo y no una mera demanda por difamación. Detrás de una aparente acción para resarcir su honra Depp llevó su alegato a la capital de los EEUU extrayendo la causa de su jurisdicción natural en el estado de California, donde la influencia política de Disney y las elites culturales del Hollywood podía provocar un desenlace diferente.

Fue una movida tan intrépida y osada como un desembarco pirata en Port Royal o Cartagena de Indias, sólo que esta vez no es Davy Jones que viene a por su exconsorte, sino Depp que carga en pos de una de las casas reales de la elite cultural liberal y de ese sistema parajudicial que patrulla la conformidad con la corrección política.

Esa es la real trascendencia de esta demanda. Porque la decisión de la corte de Fairfax poco resarcirá una carrera eclipsada no por las sindicaciones de Amber Heard o sus libelos infamatorios, sino por la decisión parajudicial de Disney de cesarlo a partir del criterio discrecional de sus ejecutivos sobre lo que aconteció entre la expareja. Así lo testificó en el juicio Christian Carines, exagente artístico, a quien el productor Jerry Bruckheimer diría que Disney terminó al actor y canceló Piratas del Caribe sobre las alegaciones de la actriz.

Está además claro que no se trató sólo de Depp sino que arrogarse las competencias de la justicia y dictar decisiones extrajudiciales en casos que implican conflicto de interés entre libertad de expresión y corrección política es casi política corporativa. La exitosa franquicia de Marvel Guardianes de la Galaxia defiende a su estelar Chris Pratt de señalamientos de activistas Wokeness que demandan que Disney lo aleje de interpretar a Peter Quill por expresar opiniones religiosas políticamente incorrectas.

El director de esa franquicia, James Gunn, ha cerrado filas en respaldo de Pratt, tal cual al principio hicieran los directores Gore Verbinsky y David Yates con Depp, aunque finalmente cederían a la presión de la tenaza corporativo-sindical que rige en la corporación Disney.

La compleja crisis que ha desnudado esta demanda es innegable. Depp no subió al estrado a su ex sino a ese poder que vigila, censura y cesa a políticos y actores arrogándose la potestad de la justicia. Este juicio no es sobre la inocencia de Depp o la culpabilidad de Heard, sino un alegato en pro de que las corporaciones de la industria cultural paren de arrogarse las competencias del Poder Judicial.

Hay un clima creciente de rechazo a que corporaciones, sean estas Disney, Twitter o Facebook, pretendan censurar qué debemos pensar o privarnos del derecho al trabajo por no ajustarnos al monólogo de corrección política que buscan imponer como cultura oficial.

El alegato de Depp contra Disney trae una interrogante filosófica fundamental nunca mejor planteada que en el tuit de un fan: “¿Para qué diablos América se molestó en hacer una revolución independentista estableciendo separación de poderes y cortes autónomas si va a concederle a Mickey Mouse y a Bugs Bunny el privilegio de decidir si otorga o suspende la libertad de expresión y el derecho al trabajo de sus ciudadanos?”.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

Diario Las Américas no se hace responsable de las opiniones emitidas por los lectores; sin embargo, exhorta a evitar el lenguaje vulgar u ofensivo contra terceros. Nuestra empresa se acoge al derecho de eliminar cualquier comentario que viole estas normas.

Diario Las Américas is not responsible for the opinions issued by the readers; however, it urges to avoid vulgar or offensive language against third parties. Our company is entitled to remove any comments that violate these rules.

Deja tu comentario

Lo último

Encuesta

¿La emigración interna en EEUU ha impulsado el aumento de precios? 30.74%
¿Los gobiernos locales deben ofrecer alternativas asequibles ante el alza de precios de alquileres? 35.68%
¿Las personas jubiladas deben recibir algún tipo de asistencia para poder enfrentar esos precios? 33.58%
28201 votos

Las Más Leídas