Luego de su reciente viaje a Europa, el presidente Joe Biden ha reafirmado como éxito del liderazgo estadounidense la unidad de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), contra Rusia y la determinación de los aliados occidentales de apoyar a Ucrania “hasta el final”.
Si bien la OTAN parece estar más en consonancia que nunca en torno a Washington, en contraste Biden no pudo ocultar el hecho de que las divisiones en Estados Unidos crecen casi a diario y particularmente en torno a su gestión gubernamental.
Es cierto que otros líderes como Boris Johnson, del Reino Unido, el presidente Enmanuel Macron, de Francia, o el presidente Recep Tayyib Erdogan, de Turquía, están sufriendo desafíos similares.
Biden atribuye todo a “Rusia, Rusia, Rusia”, destacando el impacto de la guerra en Ucrania sobre el aumento del costo de vida especialmente de los alimentos y la gasolina.
La realidad es que no se puede culpar de todo a la guerra en Ucrania.
Biden no puede esperar un cambio en sus índices de aceptación nacional con solo afirmar que está trabajando para apoyar a Ucrania y castigar a Rusia.
No hay duda de que la mayoría simpatiza con la causa ucraniana, pero a medida que se invierten miles de millones de dólares del dinero de los contribuyentes en armas y asistencia financiera, surgen preguntas sobre cuál es el plan de la Casa Blanca para abordar la crisis económica en el país.
Si bien la respuesta unánime de la OTAN, como de los líderes del Grupo de los Siete (G7) que representan a algunas de las economías más grandes del mundo, como Canadá, Francia, Alemania, Japón, Reino Unido y Estados Unidos, sobre el apoyo a Ucrania, le da a Biden la oportunidad de afirmar la preponderancia estadounidense para Europa. Pero eso no es suficiente para el ciudadano común.
Los éxitos en política exterior rara vez impulsan las credenciales de un presidente estadounidense en casa.
Mientras Biden ha estado en cumbres internacionales, los asuntos domésticos han ocupado las primeras planas.
Las últimas decisiones de la Corte Suprema han asestado duros golpes a su administración en particular, el fallo sobre restringir los poderes de la Agencia de Protección Ambiental, responsable de hacer cumplir las políticas de cambio climático. Un revés internacional para la credibilidad estadounidense.
Los fallos sobre el derecho al aborto y el control de armas parecen dar la impresión de que el componente conservador mayoritario de la Corte Suprema, tres de cuyos jueces fueron designados por el expresidente Donald Trump, se ha levantado en armas contra la administración Biden.
Con una fuerza tan poderosa aparentemente trabajando en su contra, los logros diplomáticos de Biden en Europa, incluida su contribución para persuadir al líder de Turquía de respaldar a Suecia y Finlandia como nuevos miembros de la OTAN, pasarán desapercibidos, pues es la política interna lo que hace o deshace a un presidente.
En cuatro meses, Biden descubrirá si sus esfuerzos para proteger a Ucrania de Rusia fueron claves para que el Partido Demócrata retuviera el control de la Cámara de Representantes y el Senado.
Si pierde en las elecciones de medio mandato, los desafíos que enfrenta ahora por las decisiones de la Corte Suprema se verán exacerbados por un Partido Republicano vigorizado que buscará socavar sus políticas.
Sin embargo, hay otros temas importantes que podrían influir en la suerte demócrata: la prohibición del aborto de la Corte Suprema y las nuevas revelaciones de la exasistente de la Casa Blanca, Cassidy Hutchinson, sobre lo sucedido durante el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.
Una de cada cinco concepciones en Estados Unidos termina en aborto. Si bien esa cifra puede horrorizar a los defensores de la vida, ejemplifica como en las últimas siete décadas, las mujeres han podido ejercer su derecho sobre si tener o no un bebé. Ese derecho ha sido reservado a la decisión de los estados por la Corte Suprema.
Por otro lado, las afirmaciones de Hutchinson de que Trump trató de obligar a su equipo del Servicio Secreto a llevarlo al Capitolio para estar con sus partidarios y su supuesta desestimación de la advertencia de que muchos estaban armados, podría tener un impacto duradero en la opinión pública.
En todo caso, es más probable que sean otras cuestiones las que primen en las decisiones de los votantes y no la unidad de la OTAN para enfrentar a Rusia por Ucrania.