viernes 11  de  septiembre 2026
OPINIÓN

"La carta de Mujica a Almagro"

Nadie va a discutir la dimensión política de José Mujica, lo que significa su pensamiento, y nunca he desconocido que ha sido mi maestro y referente principal en la política. Por supuesto, tuvimos diferencias y las mismas fueron públicas y notorias

Por Luis Almagro

Hace poco alguien que no encontraba respuesta para sus desatinos invocó, sin mucho análisis, una carta que Mujica me escribió hace casi 11 años. El esfuerzo fue patético. Nadie va a discutir la dimensión política de José Mujica, lo que significa su pensamiento, y nunca he desconocido que ha sido mi maestro y referente principal en la política. Por supuesto, tuvimos diferencias y las mismas fueron públicas y notorias, están lo suficientemente documentadas como para que sean negadas por nadie.

Dado que el gobierno de Venezuela inició en agosto de 2015 la deportación masiva de ciudadanos colombianos, incluso niños -personas cuyas casas fueron marcadas en una demostración de puro fascismo- decidimos tomar acciones. Frente a esa crisis humanitaria generada por un régimen abyecto, iniciamos un proceso de asistencia humanitaria con el envío inmediato de fondos y, atendiendo a la invitación que me formuló el alcalde de Cúcuta, ciudad afectada por esta crisis, nos preparamos para viajar a dicha ciudad para ofrecer ayuda y sentar las bases de la posterior instalación de una escuela temporal con la que atender a los niños afectados por la situación. Cerca de 18.000 personas muy humildes resultaron afectadas por las deportaciones.

El tema había sido llevado a votación en el Consejo Permanente, en el que Colombia perdió y, por lo tanto, ulteriores actuaciones en ese ámbito quedaban prácticamente cerradas. El gobierno bolivariano se pagó y se dio el vuelto, al decir que esa imposibilidad de actuación de la OEA (que ellos habían bloqueado) demostraba la inutilidad de la organización.

El mismo día de la votación recibimos la invitación del alcalde de Cúcuta para conocer la situación de la ciudad y de la zona. Acepté inmediatamente. Eso desencadenó una serie de eventos, entre ellos, algunas personas del sector público colombiano que procuraron desacreditar al alcalde, en segundo lugar, la reacción en mi propio país.

Recibí esa noche la llamada de mi exjefe, mentor y maestro político, quien me dijo que una personalidad del régimen lo había llamado; obviamente, me dio su nombre, y que le había dicho que, si yo iba a Cúcuta, me iban a declarar persona non grata. Eso me obligó a responder con claridad, le dije a Mujica que quien se creía que era ese personaje, que se fuera a …(y dije una serie de malas palabras) y que lo único que me quedaba claro luego de esa amenaza era que iba a ir a Cúcuta.

A la hora me llamó un asesor para decirme que lo había llamado Mujica y que le había dicho que Maduro lo había llamado y le había pedido por favor que yo no fuera a Cúcuta y que él me pedía por favor que yo no fuera. Ese fue el momento más duro de mi gestión. Ese pedido “por favor” me sacó de los cimientos y esa noche fue la única en los 10 años en que no pude dormir. Al día siguiente le escribí para comunicarle mi decisión de ir por las mismas razones por las que él decía que hacía política, por defender a los más humildes en momentos de necesidad, por defender sus derechos humanos.

Luego de ese entredicho tuvimos un impasse de 0 comunicación, pero se ve que mi carta a Tibisay Lucena (en ese momento presidenta del CNE) el 10 de noviembre de 2015 en la cual le exigía elecciones libres, justas y transparentes en Venezuela, así como denunciaba la existencia de presos políticos, de torturados, ataques a la libertad de prensa y libertad de expresión, persecución política, proscripciones (entre ellas la de María Corina Machado) y de ejecuciones extrajudiciales; todo eso fue demasiado para el régimen y un nuevo contacto con Mujica, como los ya referidos, implicó su respuesta al respecto en una carta del 18 de noviembre cuyo contenido era lo que Hannah Arendt llamaba la “banalización del mal”, por supuesto no rebatía ninguno de los puntos contenidos en mi carta, sino que se refería a generalizaciones de la política y de la economía como ser que Venezuela era un país dependiente de la renta petrolera, dependiente de la importación de alimentos, con desequilibrios monetarios, que se necesitan albañiles y no jueces, se refería de manera genérica a las deportaciones masivas de Maduro y trataba de inferir una acusación completamente falsa de que yo no me había referido específicamente a otros países de Latinoamérica -lo cual cualquier persona informada un 1% sabía que ese intento de acusación de doble estándar era absolutamente falaz. Pero evitaba referirse a los temas puntuales que yo expresaba, la situación de la democracia en Venezuela, la situación de los derechos humanos, especialmente los derechos civiles y políticos, todos ellos temas que, si hubieran sido abordados con firmeza y dignidad por su parte, quizás hubiéramos podido evitar el descalabro total venezolano que se hacía realidad día a día, lo que terminó constituyéndose en crisis humanitaria y la peor crisis migratoria de la historia del hemisferio. Y toda esa “banalización del mal” era para decirme adiós y que yo había tomado otro camino. Sí, había tomado otro camino y no era la primera vez que el tema Derechos Humanos nos separaba, ya había pasado cuando dijo “se me escapó el Canciller” cuando activé y renové los ataques contra la ley de impunidad para crimenes de lesa humanidad en Uruguay.

Mi respuesta fue pública y fue fuerte, tanto como la crisis venezolana lo ameritaba, al respecto una transcripción de prensa ““En cuanto al contenido de la carta, me reafirmo en cada uno de los párrafos de las 18 páginas que tiene la misma, me hago responsable de eso en términos absolutos”, dijo Almagro en una rueda de prensa en respuesta a una pregunta de Efe en el marco de la V Reunión de Ministros en Materia de Seguridad Públicas de las Américas que se celebra en Lima.

“Reiteraría hoy, cada uno de los conceptos expresados en la misma, (y) si eso es motivo de diferencias, está bienvenida la diferencia”, afirmó en referencia al rechazo expresado por el expresidente uruguayo José Mujica a la misiva de su excanciller” como señalaba el medio “runrun”.

No son tantos quienes hemos condenado las violaciones de Derechos Humanos a izquierda y derecha, no somos tantos quienes hemos trabajado para que haya justicia por crimenes de lesa humanidad de la izquierda y la derecha. Haber actuado dignamente, enfrentando esos extremos cuando otros se escondían, es algo que hace a mi dignidad política, y no voy a permitir que personajillos menores de la política hagan como que no saben ni entienden de qué se trata.

No sé qué llevó a Mujica a escribir una carta que hacía mucha mella en su legado y que lo mostraba indulgente con los crímenes de lesa humanidad y la crisis de la democracia que vivía Venezuela cuando años más tarde él criticó a esta misma dictadura. Si se lo que llevó a personajes menores de la política de utilizarla nuevamente once años después, es cuando la mediocridad no permite encontrar respuestas propias. Se dijo que había tomado otro camino, era el mismo camino de defensa del Derecho y de los más vulnerables que yo había tomado el primer día que empecé a hacer política. Y me hago cargo de eso cada vez que sea necesario.

*Luis Almagro/Instituto CASLA

Este contenido fue publicado originalmente en Infobae

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