Las relaciones entre el presidente Donald Trump y el FBI han tomado un nuevo giro tras el caso de Rob Porter, un confiable y respetado secretario de Gabinete de la Casa Blanca.

La repentina partida de Porter, de 40 años, ha puesto de manifiesto tres problemas distintos y alarmantes.

Lo primero es que Porter se unió a la creciente lista de figuras de poder que han sido acusadas de abusar, físicamente y verbalmente a mujeres. En su caso, las víctimas fueron sus dos exesposas, aunque él niega los señalamientos.

En segundo lugar, el FBI descubrió las acusaciones contra Porter, durante el riguroso proceso de antecedentes que antecede a la ocupación de un alto cargo, que lo llevaría a estar siempre cerca del Presidente.

Sin embargo, aunque la acusación de las exesposas se conoció en la Casa Blanca hace algunas semanas, a Porter se le permitió continuar en su trabajo. Fue sólo despedido cuando se hicieron públicas las denuncias del supuesto acoso físico.

En tercer lugar, el caso de Porter ha demostrado que hay un gran número de personas de confianza en La Casa Blanca, a quienes solo se les ha otorgado una autorización de seguridad temporal, por no haber completado aún el proceso de verificación de antecedentes del FBI.

El yerno del Presidente Trump, Jared Kushner, también se encuentra en esta situación.

Aun así, personas como Porter, vinculadas a la Oficina Oval, tienen acceso a información secreta, de inteligencia o del funcionamiento de la administración. Es decir, los detalles que permiten al mandatario tomar una decisión política u otra.

Nadie está acusando directamente a Porter de ser un riesgo para la seguridad nacional, pues según todos los informes, este hombre graduado de Harvard era un miembro dedicado del equipo de Trump. El general John Kelly, en su calidad de jefe de Gabinete, confiaba plenamente en él, según ha declarado.

Sin embargo, la información que obtuvo el FBI sobre las acusaciones de abuso físico y mental contra sus dos exesposas, sugiere que tiene Porter tiene una cara oculta que lo descalifica como miembro de confianza del Gobierno.

De hecho, esos pormenores sobre su vida privada fueron suficientes para el FBI comunicarle a la Casa Blanca de que a Porter no se le otorgaría una autorización de seguridad.

Es indudable que Trump tiene el poder presidencial para ignorar al FBI, si está decidido a mantener a alguien a quien considera valioso, con o sin autorización, pero, la mala publicidad que ha tenido el caso hizo imposible la permanencia del funcionario en la Casa Blanca.

El hecho crea otras interrogantes. Si el jefe de Gabinete, el general Kelly, había sido informado acerca del trasfondo de las acusaciones, antes de que se destapara el escándalo ¿Por qué hizo tanto hincapié en defender a Porter y en declararle un excelente miembro del personal de la Casa Blanca en un momento como ese?

Bajo las actuales circunstancias, cuando las mujeres en el país han cobrado fuerza con el movimiento #metoo y se sienten animadas a denunciar públicamente los abusos sexuales, que atentan contra sus derechos civiles, perpetradas por sujetos en posiciones de poder, quienes incluso están enfrentando procesos legales, como Harvey Weinstein, pareciera que hubo un error de cálculo por parte del jefe de Gabinete, al desestimar el hecho y tratar de encubrirlo.

No se trata de poner en duda la opinión de Kelly, en cuanto a que Porter era un miembro muy competente en sus funciones, pero era de esperar que los detalles del patrón de abusos domésticos saldrían a la luz en algún momento.

La partida de otro funcionario encargado de redactar discursos, bajo las mismas circunstancias que Porter, acrecienta la lista de personas claves que fueron seleccionadas por Trump para formar su equipo de colaboradores.

Hasta ahora, desde que Tuump asumió la presidencia, hace apenas un año, 38 funcionarios de la administración se han visto forzados a dejar sus cargos.

El FBI, que ya tiene unas tensas relaciones con el Presidente en otros frentes, tiene ahora la tarea de acelerar sus investigaciones de seguridad para garantizar que quienes trabajan en la Casa Blanca tengan, además de capacidad profesional, la integridad necesaria para ser depositarios de los secretos del país.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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