La semana pasada, Miami se convirtió una vez más en el epicentro político de la nación. Y es que ambos partidos políticos reconocen la importancia del estado de la Florida y por supuesto del voto hispano.

Veinte aspirantes demócratas a la presidencia de Estados Unidos descendieron en Miami para su primer debate político, donde puntualizaron sus posiciones en temas como inmigración, educación, cuidado de la salud, cambio climático, control de armas y hasta hablaron español.

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Por su parte, el vicepresidente estadounidense Mike Pence también escogió la Ciudad del Sol para la inauguración de la coalición Latinos Unidos por Trump con un grupo de hispanos que apoyan la reelección del Presidente. Y es que el camino hacia la Casa Blanca es a través de la Florida.

De acuerdo al Pew Hispanic Center los latinos serán una fuerza política inigualable en los próximos comicios presidenciales. Expertos aseguran que el voto hispano ha crecido a pasos agigantados, y por primera vez en 2020 se convertirá en el bloque étnico más grande de los Estados Unidos. Treinta y dos millones de hispanos serán elegibles para votar, lo que equipara aproximadamente un 13.3% del electorado en 2020.

Sin embargo, lo que me inquieta es que estas cifras no se transfieren necesariamente en participación.

El voto latino no es monolítico y somos una comunidad muy diversa. Venimos de diferentes naciones, con costumbres y circunstancias distintas. Algunos son nuevos inmigrantes, otros han estado en este país por varias generaciones. Muchos ejercerán su derecho al voto por primera vez en 2020, mientras otros llevan años haciéndolo. Nos interesan un sin número de temas como la educación, el costo de la salud, los empleos, los salarios, la seguridad nacional, inmigración, la situación política en nuestros países, solo por mencionar algunos. Ambos partidos políticos están conscientes de nuestro poder en las urnas, y por eso cada dos años se enfrascan en una lucha férrea por obtener el codiciado voto latino.

A medida que vamos entrando a un nuevo ciclo electoral, otro grupo que observo con mucha atención son los jóvenes. Mi experiencia de educador me dice que los jóvenes de hoy son mejores que las generaciones pasadas. Están preocupados por los temas que atañen a nuestro país, se involucran, participan, se educan.

Esto fue palpable el año pasado, cuando se consideró excluir al Miami Dade College como un sitio de votación anticipada. Fue entonces, cuando un grupo de estudiantes se hicieron escuchar y lograron que los campus Norte y Kendall fueran designados como lugares de votación temprana. El resultado fue simple, batimos récords de participación en los mismos. No en balde, fuimos la sede del debate presidencial en 2016 y muchos se refieren a nuestra institución como “la universidad de la democracia”.

Creo que todos debemos seguir ese ejemplo de ímpetu y pasión de los estudiantes del Miami Dade College. El derecho al voto es un privilegio que tenemos todos los ciudadanos de este país y que muchos lo carecíamos en nuestros países de origen.

No importa si se es demócrata, republicano o independiente, nuestro voto es nuestra voz. No podemos exigir ni protestar sino votamos. Participar es la clave. Cuando tenemos una sociedad educada e informada, ganamos todos.

Por muy dividida que parezca hoy la sociedad estadounidense, siempre se debe imponer la cordura y el sentido común. Como ciudadanos de este gran país, debemos lidiar con el debate, las controversias y los argumentos, sin perder la prudencia. De eso se trata la democracia.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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