“La democracia estadounidense sólo funciona si elegimos respetar el estado de derecho”, dijo el presidente Joe Biden la semana pasada, justo cuando acusó a la mitad de la nación de ser autoritarios anti-americanos.

Es una señal de cuán fuera de contacto está esta administración con la vida de las personas que no se pasan todo el día en Twitter. La mayor fuente de anarquía en EEUU no son los republicanos: es la frontera sur, donde las políticas fallidas del presidente Biden permiten que los narcotraficantes alimenten la peor crisis de sobredosis en la historia de nuestro país.

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El año pasado, más de 100,000 estadounidenses murieron por sobredosis de drogas, superando todos los récords anteriores. Muchas de esas muertes se debieron a una droga letal llamada fentanilo, un opioide sintético fabricado en China el cual entra a EEUU como contrabando desde nuestra frontera con México. Esta epidemia sólo se intensificará cuando Pekín suspenda la cooperación antinarcóticos con EEUU.

El fentanilo es ahora la principal causa de muerte entre los adultos de 18 a 45 años. Sin embargo, los adultos no son los únicos en peligro. Según la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), los cárteles apuntan cada vez más a niños y jóvenes.

El ejemplo más obvio de esta tendencia son las pastillas de "fentanilo arcoíris" que los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación están pasando como contrabando a través de la frontera donde los agentes han incautado esta droga en 18 estados en tan solo este mes. "Los niños pequeños piensan... que pueden ser los dulces SweetTARTS o Skittles", explicó un alguacil en una entrevista. "Simplemente van a morir por ingerir estas pastillas".

Es posible que los adolescentes no corran el peligro de confundir las drogas con los dulces, pero a medida que los traficantes trasladan sus ventas a sitios de comercio electrónico–al igual que vía redes sociales– y mezclan píldoras como Percocet y Xanax con fentanilo más potente, están causando más y más muertes por sobredosis de drogas.

Cuando el presidente Donald Trump estaba en función, se enfrentó a la epidemia de la sobredosis. Trabajó para asegurar la frontera, restringió las recetas de los opioides, hizo que el antídoto contra la sobredosis de naloxona que salva vidas estuviera más disponible e inició nuevas campañas publicitarias contra el abuso de drogas. Estos esfuerzos se correlacionaron con una reducción de las muertes por sobredosis entre el 2017 y 2018.

La afluencia del fentanilo hacia el final de la presidencia de Trump puso fin a esa recuperación. Pero incluso cuando las cosas empeoran, Biden no le ha dado a esta situación la atención que merece. Hasta ahora, todo lo que ha hecho es lanzar una Estrategia Nacional de Control de Drogas. Una estrategia es un buen comienzo, pero no es suficiente para detener el aumento de la tasa de mortalidad.

Primero, el gobierno debe restringir el mercado de drogas ilegales. Mi proyecto de ley Reforma de Dominio para Vendedores Ilegales de Drogas, permitiría al Departamento de Justicia y otras entidades de confianza suspender sitios web que facilitan la venta de drogas ilegales. Deberíamos pasar esta legislación de inmediato para mantener este veneno mortal fuera del alcance de los menores de edad y de otros usuarios.

En segundo lugar, el gobierno de EEUU debe aumentar las sanciones legales por vender fentanilo. En este punto, ningún traficante o funcionario del gobierno puede alegar ignorancia sobre la letalidad de esta droga. Es por eso que estoy presentando una legislación que haría que la venta de fentanilo fuera elegible para ser acusado de homicidio agravado cuando inevitablemente mata al consumidor. Convertir esa legislación en una ley es sentido común.

En tercer lugar, debemos presionar más a Pekín para que controle la producción de fentanilo en su origen, así como la producción de precursores de fentanilo que los traficantes chinos venden a los traficantes en México. En el 2019, el senado de EEUU aprobó la Ley de Sanciones de Fentanilo, que autoriza al gobierno sancionar a los productores de drogas extranjeras, pero la legislación nunca fue aprobada por la Casa de Representantes. Tendremos que hacerlo mejor para reducir la cantidad de opioides que ingresan a EEUU.

Lo más importante es que Biden y sus amigos demócratas deben dejar de socavar la seguridad fronteriza. Si quieren mantener a los americanos seguros y saludables, es fundamental que comiencen hacer cumplir el estado de derecho y tomen medidas enérgicas contra la inmigración ilegal, en la retórica y en la acción.

Además de estos pasos concretos, enfrentar la epidemia de sobredosis requerirá un cambio de mentalidad. La Administración Biden y el Partido Demócrata en general están tan obsesionados con mitigar el daño físico a corto plazo que no ven cómo sus políticas están alimentando la epidemia de maneras menos tangibles, pero no menos reales.

No ven, por ejemplo, cómo proporcionar a los usuarios de drogas pipas de crack y jeringas podría permitir la adicción incluso cuando reduce los riesgos a corto plazo. Mientras tanto, inventan excusas para los antros de drogas al aire libre que plagan muchas de las grandes ciudades de EEUU.

Además, si bien los demócratas reconocen que el COVID-19 "provocó mayores desafíos de salud conductual para todos", se negaron a revertir medidas draconianas como el cierre de las clases presenciales cuando los riesgos virales eran bajos y los riesgos de depresión, ansiedad y abuso de drogas eran menores. Y adoptan políticas que expanden el estado de bienestar a expensas de buenos empleos, aunque un mercado laboral sólido es una de nuestras mejores protecciones contra las "muertes por desesperación".

Cada día, más estadounidenses sufren tales muertes. ¿Cuántos más se necesitan antes que Biden y sus amigos demócratas hagan lo necesario para detener la epidemia de sobredosis? Debemos actuar ahora si queremos recuperar el terreno perdido.

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