Como una hoja de bisturí penetrando una barra de mantequilla, Venezuela ha sido cercenada por un régimen que ahora sintiéndose fuerte en el poder, despliega sin pudor su aspecto maloliente, su aliento putrefacto, esa alma ignorante y oscura, envalentonada para multiplicar sus miserias y delitos bajo la garantía de la impunidad.

Los sucesos de ExpoValencia 2022, un evento organizado por la dictadura en el centro de Valencia como parte de su circo, ha resultado en una ajustada representación de la ignominia de quienes mandan desde Miraflores decididos a empoderar a una minoría amoral y decadente. Riñas, consumo de drogas y alcohol, actos sexuales en variedad de posiciones transmitidos en vivo a través de las redes, en un país donde a un peatón le es decomisado su celular si graba la queja de un servicio público. La libertad de tal celebración era natural en el estado Carabobo, región controlada por el madurismo, usualmente referida como Sodoma y Gomorra gracias al equipo que allí gobierna. El estupor de la colectividad y las denuncias de agresiones llevaron a Rafael Lacava a tratar de deslindarse de los hechos señalando como responsable al alcalde de Valencia, Julio Fuenmayor, quien por su parte optó por sacrificar al jefe de la policía, lo que no logró reducir el grosor de la lupa sobre el evento. Ni las dimensiones de la vergüenza.

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Pero Venezuela también tiene un rostro noble y casi milagroso. Como una alegoría, en ese mismo espectáculo una mujer tuvo un hijo. No todo está perdido.

La ausencia de color tiene su contraste y un rayo de luz ha aparecido para consolar al país decente. Al gran poeta venezolano Rafael Cadenas le fue otorgado el Premio Cervantes, el más importante de las letras españolas que reconoce al autor la trayectoria de su vida.

La dictadura como era de esperarse ha guardado un ominoso silencio. La noticia ni siquiera fue celebrada en redes sociales tal como el poeta merece. Al ignorar un hecho tan relevante muchos aliados al régimen quedaron al descubierto. Eso duele y apena. Son síntomas de avances de la vulgaridad y la ignorancia en la sociedad venezolana. ¿Qué más se puede esperar en un país en el que la educación ha sido arrasada, con los maestros mendigando para comer y las escuelas derruidas?

El premio ha servido para referir no solo las merecidísimas virtudes del poeta que con su voz y su fuerza nos ha abrazado durante décadas. También la concesión del Cervantes ha permitido resaltar la coherencia de su pensamiento, la solidez de sus principios, su calidad de hombre indomable frente a una dictadura.

El mensaje es muy importante porque Cadenas es la decencia. “Yo le debo mucho a España porque los premios me han permitido sobrevivir ya que la situación económica que tenemos es muy limitada. Es un agradecimiento enorme que tengo. Aparte del honor, está también esa ayuda que nos permite vivir”. Con esa humildad, Cadenas encarna la trágica situación que viven profesionales como él, profesores universitarios a quienes vemos con frecuencia pidiendo ayuda en las redes sociales para comprar unas medicinas, o a sus propios alumnos recogiendo dinero para ropa y zapatos.

El poeta Cadenas nunca ha dejado de advertir: “en Venezuela se reduce a diario el margen de libertad”. Su decoro lo ha convertido en un personaje incómodo para las autoridades de Miraflores.

Los medios internacionales se unieron de inmediato al aplauso y coincidieron en aseverar que el premio es para “un país herido”, “para una parte de la intelectualidad venezolana que no está de acuerdo con lo que allí sucede”, “para la dignidad de Venezuela”.

El trabajo sostenido del poeta que nació en 1930 en Barquisimeto, estado Lara, trasciende a más de seis décadas. Cadenas desde muy joven se enfrentó a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. En 1960 el libro “Los cuadernos del destierro”, impactó por “su fuerza estética y voz inusitada, de versos de prosa exuberante -barroca-, construido con base en su experiencia del exilio y que la crítica considera renovador del lenguaje lírico de su momento”, explican los expertos.

El anuncio del premio trascendió el pasado 10 de noviembre en voz del ministro de Cultura español, Miguel Iceta: “Cadenas hace destilar de las palabras su esencia deslumbrante, colocándolas en el territorio dual del sueño y la vigilia y haciendo que sus poemas sean una honda expresión de la existencia misma y del universo, poniéndolas también en una dimensión que es a la vez, mística y terrenal”.

“Rafael Cadenas es una figura moral que combate con la belleza de sus versos”. Me quedo con esta visión que se filtra entre tanta frase hermosa para un ser que honra nuestro país y que ayuda a matizar el dolor de ver multiplicar tanta pobreza -en todos los sentidos- en Venezuela.

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