Resulta incomprensible que en la era actual no exista en el currículo escolar una asignatura especializada en capacitar a los estudiantes, desde su más temprana edad, a entender el mundo de las finanzas viviendo, como vivimos, en un mundo regido por el dinero.

En Norteamérica la mayoría, por no decir el noventa y cinco por ciento de los niños menores de doce años, no son capaces de reconocer los esfuerzos que son necesarios hacer para producir dinero. Inclusive, no tienen comprensión del trabajo que realizan sus padres ni muestran el más mínimo interés por saberlo. Solo piensan en lo que desean comprar y lo que quieren hacer, sin importarles de qué manera ni cuáles son los sacrificios que sus padres tengan que realizar para complacerlos.

Peor aún son los jóvenes que no son alertados por sus padres del peligro que enfrentan al llegar a la adultez sin conocer cómo funciona realmente el sistema financiero en el que se van a sumergir.

Conozco de jóvenes que siempre han tenido lo que han deseado, sin importar los sacrificios que sus familiares hayan tenido que hacer para complacerlos. A simple vista puede decirse que han sido personas con suerte; pero nada más lejos de la realidad. Abundan los ejemplos de quienes han sido niños mimados y sin obligaciones hasta la adultez, para luego fracasar al enfrentarse a la vida misma, convirtiéndose en seres frustrados e inútiles.

Es mi punto de vista que a los niños hay que enseñarles, desde la más temprana edad, que tienen obligaciones para con las demás personas, así como el valor del dinero; y cuando me refiero al valor del dinero no me refiero a su valor nominal, si no, al valor que hay que darle al instrumento financiero en sí.

Hay que enseñarles el trabajo que da ganarlo. Hay que insistirles que, en el mercado laboral, solo aquellos que están mejor calificados para enfrentarlo serán los que consigan los mejores empleos. Es necesario explicarles que no es necesario ser un profesional para ganar un salario decente; pero que sí tienen al menos que calificarse con una carrera técnica para que puedan obtener buenas oportunidades laborales, y que independientemente de sus calificaciones y sus conocimientos será la actitud con que enfrenten la vida la que los sacará adelante en el día a día.

Tenemos que comprender y hacerle comprender a los jóvenes que cuando se obtiene un empleo, por bien remunerado que este sea, si la jornada de trabajo es de ocho horas, no le estarán pagando solamente por sus conocimientos y su actitud, si no, que le están pagando por una tercera parte del tiempo que tiene para vivir diariamente; o sea, que le están comprando una tercera parte de su vida. Y la vida es lo único que tenemos que realmente nos pertenece y por lo tanto hay que sacarle el mayor provecho posible.

El hombre es un animal gregario y al vivir como su naturaleza le exige procurar organizarse de la mejor forma que puede. Es por eso precisamente que debemos apoyar a quienes se inclinan por los negocios, por ser seres independientes; pero cómo pueden arrancar en ese mundo de fúrica competencia sin tener una educación adecuada en el campo de las finanzas.

Es absolutamente necesario que los niños comprendan, desde pequeños, que el dinero es un instrumento de trabajo igual que otro cualquiera el cual tiene solamente dos funciones: función de uso y función de cambio, y que solo cuenta con dos valores: valor nominal y valor real; y que se debe poner a trabajar de inmediato o mermará en su valor real, aunque conserve su valor nominal intacto.

Es mi opinión que a los niños de ocho años en adelante se les debe enseñar en las escuelas la importancia del ahorro, como en aquellos hogares que sea posible hacerlo. Que se les muestre cómo el dinero crece a diario si se pone a trabajar. Hacerles entender cómo funciona la fórmula de interés por ciento por capital por tiempo, que es una de las piedras angulares del desarrollo del capital. Incitarlos a tener sus propias cuentas. Entrenarlos para que paulatinamente puedan entender el funcionamiento de la bolsa de valores. Alentarlos para que sean más capaces. Explicarles cómo funcionan las grandes empresas, las fábricas, los pequeños negocios, las empresas de servicio, en fin, preparar a las próximas generaciones para crear fortunas y hacerlas crecer sin que ello tenga un mayor impacto en su vida diaria ni en sus relaciones familiares. En otras palabras: para que vivan mejor de lo que nosotros hemos vivido, con menores esfuerzos, con menos dudas y frustraciones, y con más felicidad.

Estoy convencido que la educación es la única forma de erradicar la pobreza y las diferencias sociales en la humanidad. Si usted comparte esta opinión haga lo posible para que todo niño o joven que usted conozca estudie y se capacite para que pueda enfrentar el futuro dignamente.

Tony Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.”

tony@ruanobrokers.com

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