jueves 30  de  julio 2026

La Hispanidad al Parlamento Europeo

El vínculo entre Europa y Estados Unidos sigue siendo fundamental para la subsistencia de las mejores conquistas de la modernidad política y social

Desde la doctrina de Monroe y el Congreso anficti ónico de Panam á u2014el intento de unidad americana con el que Bol ívar busc ó plantar cara a la u201cEuropa de los Congresos u201d u2014, las instituciones pol íticas del Viejo y el Nuevo Mundo han intercambiado miradas de desconfianza, como si las unas fueran la ant ítesis de las otras. Los a ños de la Guerra Fr ía, adem ás, nos dejaron la imagen de una Europa ocupada por el comunismo; obstinada en alargar la esperanza de una batalla final en la que los dem ás reg ímenes se hundir ían y la hoz y el martillo dominar ían la tierra sin rivales ni alternativas posibles. Una vez que cay ó el muro de Berl ín, la puesta en marcha de la Uni ón Europea se contempl ó desde Am érica como el triunfo del modelo pol ítico, econ ómico y social representado por los Estados Unidos; y los an álisis que saludaban el futuro bajo la gu ía de una Norteam érica convertida en única superpotencia planetaria parec ían soslayar el dato de que aquel nuevo espacio unido por una moneda com ún llegaba para erigirse en la mayor econom ía mundial. n
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La cuesti ón del terrorismo, despu és del 11-S, mostr ó sin embargo que la colaboraci ón de Estados Unidos y Europa resultaba clave para la definici ón de pol íticas sobre temas de alcance global: seguridad, inmigraci ón, contenci ón de reg ímenes violentos y extremistas. Con un Occidente que hab ía asumido la custodia de la libertad y del civismo oponi éndose a los m étodos y las razones del u201cEje del mal u201d, los distintos gobiernos de Am érica Latina se polarizaron hacia el lado m ás propicio para sus respectivos objetivos pol íticos: en unos casos, buscando profundizar en el fortalecimiento de las instituciones democr áticas y en la creaci ón de clases medias; en los otros, empe ñados en instaurar reg ímenes personalistas de corte revolucionario y proletarizante, opuestos a la democracia representativa. Pero al llegar la crisis financiera mundial, el lazo humanista entre Washington y Bruselas comenz ó a verse m ás como un canal de transmisi ón por el que circulaban las plagas del desbarajuste econ ómico que de pronto se hab ían abatido sobre u201cel capitalismo u201d, para solaz de sus cr íticos. Sin embargo, en un extremo del mundo se agigantaba lo que de verdad constituye hoy la alianza m ás formidable entre un poder pol ítico implacable y una tremenda voracidad para la conquista econ ómica: China. Y a estas alturas, lo mismo la Hispanoam érica pro-occidental que la otra corren ya enganchadas de esa monstruosa locomotora. n
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A pesar de ello, o por ello quiz á justamente, el v ínculo entre Europa y Estados Unidos sigue siendo fundamental para la subsistencia de las mejores conquistas de la modernidad pol ítica y social. Con el avance hacia la Zona de Libre Comercio Trasatl ántica (TAFTA, por sus siglas en ingl és) parece haberse comprendido, adem ás, que la uni ón de fuerzas a ambos lados del Atl ántico podr ía suministrar instrumentos muy apreciables para la superaci ón de la crisis. Am érica Latina tiene m últiples causas para desear que esta recuperaci ón llegue pronto tambi én a Europa. La primera, por volver a encontrar un referente de progreso y de democracia para orientar las inversiones y reformas que ahora podr ían acometerse aprovechando los beneficios del comercio con Asia. La segunda, porque la mayor amenaza para la paz de Europa, que es el surgimiento del nacionalismo xen ófobo u2014a ún fresca en la memoria la inmensa tragedia del siglo pasado u2014 podr ía afectar a muchos latinoamericanos que viven, estudian o tienen sus ra íces familiares en el Viejo Continente. La amenaza del Frente Nacional de los Le Pen en Francia, que las encuestas dan hoy como los grandes ganadores en las elecciones del pr óximo a ño al Parlamento Europeo, extienden esa terrible sombra sobre el futuro.
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Lo mismo que muchos latinoamericanos, yo, que vivo desde hace m ás de diez a ños en Espa ña, tengo la nacionalidad de mi pa ís de origen (Venezuela) y la espa ñola. Esto significa que puedo concurrir como candidato espa ñol al Parlamento Europeo, y he decir que me gustar ía hacerlo de la mano de la centro-derecha. No s ólo porque es la tendencia a la que he estado unido a trav és de una intensa reflexi ón dedicada a las relaciones con Hispanoam érica, sino porque esa corriente pol ítica representa una doble ganancia para los latinos: y es que, al defender la obra hist órica del mestizaje americano llevada a cabo por Espa ña, predica exactamente lo contrario al racismo que ahora se teme; pero, al mismo tiempo, parece ser la única dispuesta a comprender que un hispanoamericano en corbata no es un ecocidio ni un crimen de eurocentrismo, como quieren los socialistas europeos, empe ñados en fabricar ese u201cbuen salvaje u201d que luego redimen desde los confortables despachos de sus partidos, sindicatos y universidades. Estados Unidos ha comprendido la importancia del componente hispano en su sociedad, y ha permitido a sus representantes entrar en sus instituciones pol íticas. Espa ña, que lo hab ía hecho ya en 1812, en las Cortes de C ádiz, puede ahora seguir el ejemplo en un contexto de mayor visibilidad geoestrat égica, adelant ándose a otros pa íses y generando en la UE una contraparte para esos nuevos l íderes de Norteam érica. n
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Xavier Reyes Matheus es secretario general de la Fundaci ón Dos de Mayo, perteneciente a la Comunidad de Madrid. Su último libro es Estado, naci ón y libertad. Tres conceptos a examen para la regeneraci ón de Espa ña (Madrid, 20013).

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