Estamos a poco más de un mes para que el cubano Guillermo Rigondeaux se suba al cuadrilátero en el Teatro del Madison Square Garden, en Nueva York, contra el ucraniano Vasily Lomachenko, en un combate entre dos de los mejores boxeadores del momento, libra por libra.

Algunos ponen a Rigo arriba; otros a Loma, pero lo que sí está claro es que ambos son peleadores de la élite mundial. Sin duda alguna. Ninguna.

Para el cubano, este es el momento que va a definir su carrera profesional. Ni más ni menos. Dejando atrás su enfrentamiento con Nonito Nonaire en el 2013 y todo lo que ha hecho hasta ahora.

Ahora, a sus 36 años, Rigondeaux se enfrenta al mejor rival que haya tenido en su carrera profesional y alguien que lo iguala o lo supera en el boxeo amateur. Ambos son bicampeones olímpicos, lo que eleva incluso más el nivel de esta cita. De hecho, nunca antes se habían enfrentado dos bicampeones olímpicos en el boxeo profesional.

A él no le valen más excusas, siempre cerca, de que si no quieren pelear con él, ni que Bob Arum lo tiene vetado o que no gusta su maestría boxística, muy por encima de cuanto rival se le ha puesto en el camino. Ahora toca ganar. Y ganar bien. Nada de justificaciones ni cosas parecidas. Vencer y demostrar que Lomachenko no está a su nivel.

No me valen pretextos, no a él.

Es dura esta batalla para el caribeño. De eso no me queda ninguna duda. El ucraniano es de los cinco mejores, libra por libra, que, además, lo espera en las 130 libras, dos divisiones más arriba que las 122 libras, donde domina sin problemas Rigo.

Esa ventaja es para Loma. La parte técnica es para el cubano. Pero están tan cerca en lo boxístico que hacer predicciones es muy complicado. Y es por eso que esta pelea es tan intrigante y llamativa. El ucraniano va a estar en su salsa en esa división ligero junior, pero el mismo Rigondeaux no ha dejado que se use ese tema como uno de discusión.

Él pidió el combate ahí y se lo concedieron. Ahora toca subirse al ring y ganar. Nada de habladurías ni de pretextos, repito.

Su carrera está en juego la noche del 9 de noviembre. En el mayor escenario del boxeo, televisado por ESPN, lo que le dará una mayor exposición, este es el combate grande que lleva años esperando y que no se le había dado hasta este momento.

Es ahora o nunca. Así de simple.

Rigondeaux es el que lleva ahora el batón del boxeo cubano, tras la baja de Yuriorkis Gamboa y las aburridas presentaciones de Erislandy Lara. Es él, por calidad y nombre, quien tiene esa responsabilidad de salvar el bajo momento del boxeo de la isla, que no ha estado muy bien últimamente y que no ha recibido refuerzos de calidad recientemente.

Además, a Rigo, por su edad, no le queda mucho. Al menos eso dice la ley de la vida. Mientras más viejo menos posibilidades de brillar. En el deporte, claro está.

Aunque en ningún momento él ha dado muestras de que la edad le haya empezado a afectar. Todo lo contrario. Siempre impecable. A veces aburrido, pero impecable. No ha perdido un solo combate y ante Lomachenko se juega no solo eso sino la grandeza de su carrera.

Perder en boxeo es factible. Todos los grandes menos Mayweather y Marciano lo sufrieron.

Le toca Rigondeaux mantenerse así y dar un espectáculo que invite a que siga activo y que las televisoras y promotoras lo busquen.

Nada de buscar enemigos externos ni fantasmas inexistentes.

Su enemigo será Vasyli Lomachenko por doce asaltos la noche del 9 de diciembre. Ahí tiene que brillar. Está obligado. No tiene de otra.

De eso no tengo absolutamente ninguna duda,

No una.

Ganar y brillar, ese es tiene que ser su objetivo.

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