Pripyat era una ciudad moderna surgida en 1970 a raíz de la construcción de la central nuclear de Chernóbil. Fue diseñada con el mejor gusto de la época: grandes avenidas ajardinadas, hermosos edificios, centros comerciales y preciosas escuelas. En 1986 estaba llena de vida, 50.000 habitantes, muchos de ellos técnicos nucleares, se vanagloriaban de residir en aquel símbolo del progreso socialista. Las pocas delegaciones del mundo occidental que visitaban la Unión Soviética tenían parada obligada en esta ciudad modelo.
El 26 de abril de 1986 hubo rumores sobre un accidente en la central atómica. Nada grave, los bomberos de la ciudad se habían movilizado para apagar el fuego. La vida continuaba de manera habitual aunque, de vez en cuando, el sonido de unos helicópteros revoleteando por la zona rompía la monotonía de un día más en la hermosa urbe.
Desde Moscú el joven presidente Mijaíl Gorbachov hablaba de perestroika [reconstrucción] y la importancia de la glasnost [transparencia]. Sus palabras prendían en el corazón de una sociedad que moría en silencio y soñaba con un futuro diferente para sus hijos.
El 28 de abril Radio Europa Libre comenzó a filtrar una noticia: en Estocolmo, Suecia, se habían registrado niveles altísimos de radioactividad. Europa se movilizó, los especialistas decían que la radiación provenía del incendio de la estación nuclear de Chernóbil. Moscú lo negaba.
La recién estrenada glasnost se mantuvo muy opaca ante su primera prueba de envergadura. Los reporteros soviéticos se desplazaron a las ciudades de los alrededores de la planta para desmentir “la ola de propaganda que venía desde occidente” y mostraron a la gente paseando, viviendo, respirando. Y lo peor fue que temerariamente no se evacuó la zona.
La verdad ahora se conoce, el día 26 de abril el reactor 4 de la central nuclear Vladimir Lenin de Chernóbil se incendió y escupió a la atmosfera dióxido de uranio, carburo de boro y cantidades ingentes de materiales radiactivos.
La falta de transparencia de las autoridades puso en peligro no solo la vida de los habitantes de Pripyat y alrededores, sino la de todas las personas de Europa que sufrieron la amenaza de una nube radiactiva que afectó en su recorrido hasta la península Ibérica.
¿De quién fue la culpa del accidente de Chernóbil? Un error humano o un error de diseño. La realidad es que Pripyat está vacía, es una ciudad fantasma, en sus jardines crecen plantas venenosas, por sus ríos corre un agua ácida que erosiona las márgenes por donde discurre. Se pronostica que 600.000 personas de la zona padecerán cáncer y que los niños de Chernóbil pueden transmitir alteraciones de ADN.
Ojo, hay 500 reactores nucleares en todo el mundo, la lección de Chernóbil es la transparencia.