“La vida se parece a una asamblea de gente en los juegos; así como unos acuden a ellos para competir, otros para comerciar y los mejores [vienen] en calidad de espectadores [theatai], de la misma manera, en la vida, los esclavos andan a la caza de reputación [doxa] y ganancia, los filósofos, en cambio de la verdad”.

Parábola atribuida a Pitágoras: Kirk y Raven: “The Presocratic Philosophers”. 1966.

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Es mucha la tinta corrida y que correrá en la polémica sobre el rol de la Sociedad Civil en lo político. Desde su definición, como parte dentro de ese complejo entorno, el político; o bien, trayendo a Arendt, en la “Esfera Pública”. Cuando decimos rol, no es baladí el término, pues deviene en responsabilidades y efectivos impactos que, como grupo, debe generar en el acontecer. Este debate llega a proponer parámetros de diferenciación o bien, de dilución Sociedad Civil – Partidos Políticos. ¿Son éstos parte de aquella? Unos opinan que es así, en tanto mecanismos de intermediación y representación política de los ciudadanos ante el Estado; otros, lo contrario.

Lo cierto es que, en la política, en esa esfera pública en donde nos reconocemos los diversos y se alcanzan pluralmente acuerdos que permiten evolucionar los pactos, existen dos tipos de asistentes: los actores y los espectadores, como en los juegos referidos por Pitágoras en la parábola. Cada uno de ellos tiene objetivos y herramientas. En oportunidades las herramientas se comparten; pero, no los objetivos, so pena de migrar de la condición de espectador a la de actor y viceversa.

El espectador tiene una posición que le permite apreciar y evaluar el conjunto, imparcialmente; y, el actor, al asumir un rol específico, debe representarlo permanentemente y, además, es parcial por definición. Así el espectador no tiene una participación directa, lo que le permite formular juicios sobre los actores: calidad, impacto, medios empleados, Etc. En lo que respecta al actor, lo que le interesa es la opinión que sus acciones generen en los espectadores. Ello, con base a la calidad de las acciones que ejecutan para alcanzar objetivos que interesarían a todos. En este sentido, Arendt, siguiendo a Kant, afirma que los actores se conducen en función de las expectativas de los espectadores. Va un tanto más allá y opina: la norma es el espectador, y esta norma es autónoma.

Si retomamos lo dicho, referido a los objetivos de la Sociedad Civil y, de los Partidos Políticos, se marca una distancia entre ambos. ¿Qué persiguen los actores políticos, los partidos?: ejercer el poder, alcanzar el gobierno; o bien, implementar estrategias de representación política e intermediación entre los ciudadanos y las instancias del Estado. ¿Qué persigue la Sociedad Civil?: analizar las acciones de los actores políticos y juzgarlas en atención a los objetivos y expectativas que la definen. Dentro de sus fines persigue influenciar a los actores en función de incorporar a la agenda sus intereses, opiniones y pareceres. Pero, como espectadores, cuando se pretende ejercer mecanismos de representación política e intermediación sociedad–Estado o tomar decisiones que trasciendan la condición de espectadores y asumir el rol de actores políticos, pierde su condición de Sociedad Civil. Ello no significa, jamás podría significarlo en un sistema democrático, que esa Sociedad Civil se abstenga de opinar, presentar sus posiciones y exigir a los actores políticos el cumplimiento de los objetivos que el sentido común determine para el alcance de las metas que reclama la sociedad.

Ahora bien, ¿qué guía a la Sociedad Civil en sus juicios, en sus expectativas y en sus exigencias a los actores políticos?: la esperanza, sobre la cual se edifican las posibilidades de las generaciones futuras, de la Nación. Suscribo la posición "kantiana/arendtiana" de incompatibilidad entre espectador (Sociedad Civil) y actor (partidos políticos), fundamentalmente porque no se puede ser legítimamente juez y parte; espectador y actor simultáneamente. Así, los hechos que juzga la Sociedad son acontecimientos públicos y significativos que ocurren en la historia del mundo; y los llamados a valorar estos hechos son los espectadores, no los actores; así se conforma y constituye una esfera pública compartida y común para cada acontecimiento, objetivo y problemática que suceda en esta esfera.

FUENTE: VENAMERICA 

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