Si consideramos que la información es poder, entonces el ocultamiento y/o publicación de información secreta lo es aún más.

Comúnmente un secreto de Estado se conoce como la reserva y restricción de informaciones relacionadas con la seguridad nacional, sea dentro o fuera del país.

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También es cierto que la misma naturaleza clandestina de los secretos de Estado los convierte en objeto de abusos y divulgación no autorizada, porque es difícil para aquellos sin conocimiento de asuntos internos saber si las revelaciones realmente sirven a los objetivos de seguridad nacional o para ocultar irregularidades dentro de una administración, según admite la propia Agencia Central de Inteligencia.

Si bien la ley federal estadounidense prohíbe la divulgación no autorizada de cierta información que pueda dañar la seguridad nacional, por considerarse esencial para proteger la capacidad del Presidente de Estados Unidos a fin de articular los objetivos políticos y en última instancia proteger al país, algunos expertos consideran que las filtraciones de información secreta, dentro de ciertos límites, representan una salvaguardia esencial que debe defenderse.

No en vano también existe la Ley de Protección de Denunciantes de 1989 que ampara de retaliaciones a empleados federales que revelen ilegalidad, despilfarro o corrupción del gobierno.

Rahul Sagar, autor del libro Secrets and Leaks: The Dilemma of State Secrecy, publicado por Princeton University Press, defiende las filtraciones pero aclara que deben existir ciertas condiciones que den validez al objetivo, como por ejemplo revelar un abuso de la autoridad pública, presentar evidencia clara y convincente, no representar una amenaza desproporcionada para la seguridad pública, tener un alcance y escala limitados y hacerse públicamente.

"Las revelaciones anónimas están justificadas cuando revelan malas acciones" según dice Sagar en su libro.

La última filtración sobre presuntas recompensas pagadas por la inteligencia militar rusa a los talibanes para matar soldados estadounidenses en Afganistán, por lo pronto ha levantado fuertes críticas sobre la actual administración.

Gran parte de la atención se centró en si el presidente Donald Trump había sido informado, y si lo fue por qué no hizo nada.

La noticia publicada en el periódico The New York Times se convirtió en otro bombazo político en Washington, con demócratas de alto rango exigiendo saber por qué no se habían tomado las medidas pertinentes contra Rusia.

En líneas generales, una filtración de información secreta puede ser de gran ventaja para quienes reciben los secretos de manera no oficial, pero el riesgo es que tales historias rara vez ponen la verdad en el contexto adecuado, además de que suponen un peligro para las estrategias del Gobierno.

El exconsejero de Seguridad Nacional John Bolton recientemente admitió que el tema de la supuesta asistencia rusa a los talibanes se hizo público en 2018. “Eso solo es preocupante pero, lo que es particularmente preocupante, si es cierto, es que en esta última información se estaba proporcionando una compensación por matar estadounidenses”.

Si el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca debatió y elaboró posibles opciones para tomar medidas contra Moscú, para luego concluir que no había elementos suficientes para actuar, es parte de la discusión todavía.

Es por eso que las filtraciones de información secreta son potencialmente tan incómodas, embarazosas y, sí, incluso peligrosas para cualquier administración.

Quien fuera confirmado hace poco, como nuevo director de inteligencia nacional, John Ratcliffe, resumió de esta manera el desafío que representaba para el país: “La filtración selectiva de cualquier información secreta interrumpe el trabajo entre agencias para recopilar, evaluar y mitigar las amenazas y pone en peligro a nuestras fuerzas. También es, simplemente, un delito”.

"Desafortunadamente, las divulgaciones no autorizadas ahora ponen en peligro nuestra capacidad de descubrir la historia completa con respecto a estas acusaciones".

La filtración de información secreta plantea siempre serias dudas.

¿Fue en el mejor interés de la nación que nos informara que agentes rusos estuvieron supuestamente involucrados en una operación nefasta que financiaría a talibanes para atacar soldados estadounidenses en Afganistán? No hay una respuesta fácil.

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