Después de un largo proceso de encarcelación injusta, “subversión del poder del Estado”, el Doctor en Literatura de la Universidad Normal de Beijín y activista proderechos humanos, Liu Xiaobo, muere en un hospital chino, el 13 de julio del corriente año de una enfermedad mortal: cáncer de hígado.

El gobierno de China comunista no tuvo misericordia ni tolerancia con el prisionero enfermo, el diagnóstico de la enfermedad fue tardío y solo le permitieron salir de la cárcel pocos días antes de morir para evitar el escándalo internacional de su muerte en prisión.

Unos días antes del fallecimiento de Liu se hizo realidad la solidaridad internacional cuando un equipo médico de doctores alemanes y estadounidenses pudo acceder físicamente al enfermo e invitarlo a recibir tratamiento médico especializado en prestigiosas instituciones sanitarias de sus respectivos países, el hospital de la Universidad alemana de Heidelberg y la clínica MD Anderson de EEUU.

A pesar de las insistentes peticiones de esos amigos y simpatizantes por su liberación y una atención médica adecuada en el exterior del país, las autoridades chinas mantuvieron su perversa negatividad al viaje de Liu y su secuestro hasta el final de sus días.

Xiaobo era presidente del Club de Poetas, Ensayistas y Novelistas (PEN Club) chino y congratulado con el Premio Nobel de la Paz, en el 2010 cuando se encontraba en prisión, primer ciudadano chino en recibir el premio Nobel. Su delito fue confeccionar un manifiesto, Carta 08, que demanda la democratización, respeto de los derechos humanos y la libertad para el pueblo chino.

La Carta 08 fue firmada por más de 300 intelectuales y activistas de derechos humanos; asimismo se agregaron más de ocho mil simpatizantes de todo el país con las esperanzas de instauración del estado de derecho en China. Se publicó el 10 de diciembre de 2008, Día Internacional de los Derechos Humanos, en su sexagésimo aniversario de su creación.

Liu tuvo una importante labor contestataria contra la dictadura comunista china. Durante las protestas estudiantiles en la Plaza de Tiananmen, 1989, apoyó a los estudiantes con tres días de huelga de hambre para llamar la atención de la opinión pública y evitar graves represaría del gobierno contra el estudiantado. Por esas circunstancias lo tuvieron detenido por varios meses, siendo la figura más emblemática de los sucesos de Tiananmen.

En el mundo se levantaron muchas voces críticas por el trato injusto contra Liu Xiaobo. Sin embargo, la más contundente y ajustada a la realidad fue la de Human Rights Watch (HRW), al expresar que la muerte de Xiaobo “pone al descubierto la crueldad del gobierno de China con los defensores pacíficos de los derechos humanos y la democracia”.

Human Rights Watch reafirma la esperanza de que los seres humanos nacen para ser libre, al manifestar que “aunque el gobierno chino actuó con arrogancia, crueldad e insensibilidad estremecedora, la lucha de Liu por una China democrática donde se respete los derechos seguirá viva”.

Del mismo modo, otras instituciones como Amnistía Internacional, el Comité del Nobel y el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU demostraron sus descontentos con la actitud inhumana del Gobierno chino. También los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea y República de China (Taiwan), entre otros, en sus máximos representantes, Donald Trump, Angela Merkel, Emmanuel Macron y Tsai Ing Wen se solidarizaron con Xiaobo y pidieron la libertad de la viuda Liu.

Si durante los ocho años de cautiverio injusto del activista humanista Xiaobo, los gobiernos democráticos y libres, en especial Occidente, hubiesen actuado con la firmeza en la que se manifestaron al fallecer el Nobel chino, estoy seguro que hoy no estuviéramos pasando por estas circunstancias amargas.

Desgraciadamente, dos premios Nobel han muerto bajo tutelaje estatal, Carl von Ossietzky, en Alemania nacional socialista, en 1938, y Liu Xiaobo, en China socialista, auto-titulada campeona de la globalización y del comercio libre. Alemania hitleriana tuvo numerosos y exitosos empresarios; también la China continental. En esta última hay más de 10 millones de personas con grandes fortunas. Sin embargo, en ninguna de las dos naciones, esos emprendedores exitosos alzaron sus voces para condenar las muertes de esos premiados con el Nobel de la Paz.

A los cubanos nos quieren vender a la fuerza una evolución de nuestro país al “sistema socialista de mercado” chino. Sin importar el despotismo del sistema de China, en asociación a la falta de libertades y derechos humanos básicos. Por eso, nos duele la muerte injusta y prematura de Liu Xiaobo; porque no vio sus sueños hechos realidad. Los sueños de este ícono de la libertad son bienes preciados para los que desean una Cuba libre.

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