Zapatero, sí, la versión oscura de Mr Bean que continúa atormentando a Venezuela, le ha insistido a Nicolás Maduro que debe hacer un esfuerzo por limpiarse la sangre, que ha de lavar la camisa y matizar el tufo de dictador, que insista en el diálogo, que se siente con opositores, que muestre alguna disposición –no importa que sea falsa, pero que la actúe– que al menos sirva para presentar ante la comunidad internacional la esperanza de que el gorila está siendo domesticado.

Porque Rusia no ha sido el único país que ha presionado a la dictadura ante la imposibilidad de materializar transacciones legales sin la aprobación de la Asamblea Nacional. A pesar de la subasta pública en la que Maduro ha colocado a Venezuela, negociar con criminales eleva los costos y potencia las complicaciones. Eso lo sabe Zapatero.

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En ese escenario, Maduro y su banda aceleraron la Operación Alacrán que se vino abajo ante la fortaleza –que no esperaban– de los diputados cuya mayoría resistió al soborno, el chantaje y la extorsión.

Por contraste, los parlamentarios Brito, Parra y compañía, resultaron mamarrachos onerosos, que protagonizaron una vergonzosa payasada, elaborada por quienes además de Maduro, habían garantizado la solución del problema. Me refiero a Cilia, respaldada por José Luis Rodríguez Zapatero, los empresarios Alex Saab y Raúl Gorrín, junto a Maikel Moreno, los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, Tarek William Saab y otros civiles. Esta pandilla opera con los empresarios corruptos mencionados y se soporta sobre su diablo represor. Se trata de Iván Hernández Dala, jefe de la Dirección de Contrainteligencia Militar que gusta de rendir cuentas a los cubanos, a un ala de los rusos y también a los americanos, por cierto…

La unidad opositora resistió frente a la andanada que mostró a los vendidos de siempre. Claudio Fermín, Eduardo Fernández, Henri Falcón y los gorditos expuestos en cuestión, ya señalados por trabajar desde comisiones parlamentarias a favor de los corruptos.

Maduro tuvo que llevar a cabo su plan con la resistencia de un sector interno que se ha retratado como radical y violento. Son los convencidos de que es inevitable que Maduro caiga y por lo tanto creen que es urgente actuar antes de que eso suceda. Conspiran contra él y se presentan como una mejor opción de gobierno. Ellos se han encargado de sabotear varios planes del régimen, aunque eso poco trasciende. De la mesita de negociación se burlan y le caen a patadas y ni hablar de su férrea oposición a la liberación de los presos políticos. Se trata de un grupo complicado y difícil de tragar (bueno, el otro también). Lo encabeza Diosdado Cabello junto a Tareck El Aissami, Néstor Reverol, Samark López, Freddy Bernal, y según ellos, un sector de los rusos.

Ambos grupos han mandado a sus representantes a conversar con Estados Unidos, porque serán muy radicales, pero se doblan ante el imperio. Esto explica la declaración reciente del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, reclamando una rápida transición negociada.

Ustedes se preguntarán, ¿qué peso tiene Vladimir Padrino López? Cero. El ministro de la Defensa se ha cobijado en la protección de Cilia Flores pero ella está cada vez menos dispuesta a arriesgar su seguridad por él. Prefiere entonces a Hernández Dala que garantiza represión, tortura y delitos para el financiamiento del régimen. Un punto de riesgo tiene esta apuesta de Cilia. Ya Hernández Dala conspiró alguna vez. Lo hizo el 30 de abril. Nunca se sabe cuando repite, en especial porque él es un convencido –lo ha dicho ante testigos– de las incapacidades de Maduro para gobernar.

Entretanto, el fracaso de la alternativa de los diputados corruptos de la Asamblea Nacional obligó a Maduro a recalar de nuevo en la fraudulenta Constituyente y en Diosdado Cabello, quien a lo suyo, envió al Palacio Federal Legislativo las bandas paramilitares. “Tendré que poner orden entre los dos grupos opositores enfrentados en la AN”, llegó a anunciar.

¿Qué debe hacer la oposición frente a esto? ¿Cómo capitaliza su demostración de coraje encabezada por Juan Guaidó? ¿Cómo romper la inercia, la necesidad de sobrevivir y el miedo y lograr aglutinar fuerza en la calle?

Ha sido un gran gesto el recapitular sobre la unidad y convocar una nueva etapa. Pero también es fundamental reconstruir el activismo. Hay que revisar la organización, adoptar métodos más modernos y llevar las acciones y la narrativa mucho más allá de las redes. Hay que agudizar la crisis dentro del chavismo. Porque a ellos las cosas no siempre les resultan favorables y su enfrentamiento, como en toda mafia, es tangible y según las evidencias, indetenible.

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