Transcurrido el primer minuto de Delcy Rodríguez como jefa de gobierno quedó claro su rol de receptora de órdenes y advertencias de parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Ella, luego de su performance de guindar en Palacio una foto de Cilia Flores y Nicolás Maduro, y de ir a la tumba de Hugo Chávez, acató sin chistar la directriz recibida e informó su mejor disposición para cumplir el guion. Una sola amenaza fue suficiente para bajar la cabeza y traicionar al pueblo chavista.
Por su parte, la mayoría de los venezolanos -en medio del desconcierto-, actúan con madurez sin entregarse a la resignación. Es prudente tomar distancia para considerar los hechos, recomponerse, y esperar el momento oportuno para retomar la lucha. Esto vale para María Corina Machado.
Delcy Rodríguez por su lado, además de tratar de convencer al chavismo de que ella no participó en la conspiración para sacar a Nicolás Maduro del poder, debe blindarse frente a sus enemigos internos algunos harto conocidos como Diosdado Cabello quien temporalmente pone sus bardas en remojo esperando quién sabe qué. ¿Vengar a Nicolás Maduro? ¿Retomar el poder?
Atención especial ha de prestarse a los círculos violentos, adictos a sonar sus armas.
Delcy Rodríguez no la tendrá fácil; debe demostrar a Trump eficiencia para cumplir sus órdenes. Se trata del cumplimiento de los objetivos e intereses de Estados Unidos, entiéndase las ganancias por ingresos petroleros y otros negocios más que ya iremos conociendo.
Se presume que lo planteado también es llevar adelante el proceso de transición, aunque estará en las circunstancias definir a cuánta velocidad se efectuará porque para los hermanos Rodríguez su prioridad es prolongar su control del gobierno. El asunto dependerá entonces de cómo lo vean los americanos.
Lo cierto es que varios de los ministros actuales han solicitado incorporarse a la gestión para la transición. Aún se desconoce cómo los americanos supervisarán para evitar lo que todo el mundo espera: que los sustitutos de Maduro cometan marramucias para mantenerse en el poder sin permitir espacio a María Corina Machado liderando a todos aquellos que defienden la democracia.
En este momento en Venezuela nadie puede cantar victoria y la que menos es Delcy Rodríguez que con la inquina histórica a los militares se ha ganado el desprecio de ese sector. Eso no es cualquier cosa y ya se ven señales.
En esa zona no la va a tener fácil. El movimiento que recientemente sacó a uno de los generales más poderosos del país, Javier Marcano Tábata, de la jefatura de la DGCIM y de la Guardia Presidencial golpea al generalato madurista y recrea los muchos testimonios sobre la animadversión de Delcy a la oficialidad lo que le valió ser despedida por Hugo Chávez en su paso por el Despacho de la Presidencia de la República en el año 2006, cansado de recibir registro de maltratos de personal militar humillado por ella y luego de que él presenciara en medio de un viaje a Rusia los gritos de Delcy al personal uniformado. Esa situación se sumó a las pruebas entregadas a Chávez por funcionarios de seguridad de Palacio de que ella se había robado 250 mil dólares de la caja de seguridad del Despacho.
Chávez no la quiso ver nunca más. Este episodio está narrado en mi libro “Los Hermanos Siniestros”.
En relación con otros posibles movimientos en la FANB más formales, los expertos opinan que están justificados. Pareciera insólito que Padrino López y en general todo el alto mando militar, no hayan puesto sus cargos a la orden. Eso es falta de vergüenza. Solo hay que recordar todos los videos previos a los hechos del 3 de enero en los que altos oficiales rugían ante el país envanecidos de fortaleza y capacidad; y aun cuando sabíamos que eran parte de un relato inventado, nunca imaginamos presenciar la encarnación de tanta cobardía e inutilidad.
Por lo pronto llegó el momento soñado por los hermanos Rodríguez: lograr el control político de Venezuela. Alcanzarlo no es casual; ha sido el objetivo codiciado por una pareja amoral, peligrosa, ambiciosa, vanidosa e inescrupulosa.
Ahora esa inmensa mayoría de venezolanos que el 28 de julio de 2024 demostró su decisión de querer vivir en un país distinto al planteado por la élite del régimen, tiene que asumir que debe luchar en resistencia.
El liderazgo encabezado por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia tendrá que insistir en que se debe respetar la voluntad de la mayoría de los venezolanos durante el tiempo que sea necesario. Y tener una nueva estrategia para lograrlo.