La infidelidad es una realidad tan vieja como la misma humanidad. Ya Jesús perdonó a una adúltera cuando dijo: “Quien se sienta libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Las distintas iglesias y credos castigan la infidelidad. Aunque la sociedad ha cambiado algo ante este problema humano, aún hay doble moral. Si es el hombre quien es infiel, es más fácilmente perdonado. Si es una mujer, todo el mundo le cae encima, hasta las mismas mujeres.

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La infidelidad produce mucho dolor, como bien dice la canción de Paloma San Basilio. En una relación de tres, siempre alguien sale perdiendo. ¡Pero las estadísticas siguen subiendo!

La doctora Gloria Mock, famosa sexóloga puertorriqueña, escribió un artículo sobre lo que ella llamó “mitos de la infidelidad”. Entre estos hay creencias tales como pensar que todo el mundo lo hace, y, por lo tanto, es de esperarse que ocurra.

La infidelidad no es un comportamiento “normal”. Por el contrario, es síntoma de algún problema y ambos tienen responsabilidad. Aunque uno tenga más responsabilidad que otro.

Eso de que los affaires “son saludables y pueden renovar el matrimonio o la relación”, no es cierto. Sí son peligrosos y pueden ser motivo de divorcio. Otros piensan que el infiel ha dejado de amar a su pareja. La infidelidad tiene motivos como estrellas hay en el cielo. Como se dice, “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Aun amándose puede haber infidelidad, como un síntoma de los conflictos en relaciones que, antes de ocurrir, sentían amor el uno por el otro.

Se cree que la persona con quien se siente el affaire tiene que ser más “sexy” que la persona engañada. El mejor ejemplo es el caso del actual rey Carlos III, que dejó a Lady Diana por una mujer muy fea, hoy reina y casada con él. El deseo tiene que ver con nuestros temas no resueltos de la niñez, con la intimidad de la pareja…

Pretender que no se sabe nada, no funciona. Las relaciones infieles se mantienen por el secreto y pierden fuerza cuando se reconocen y se enfrentan. Tampoco es verdad que, si ocurre un affaire, el matrimonio tiene que terminar: puede sobrevivir y fortalecerse.

No es lo mismo ser infiel por una noche o un fin de semana, que tener una amante o un amante fijo, por varios años. No es lo mismo ser un Don Juan, un playboy a lo Porfirio Rubirosa, que ser un hombre común con una amante. Lo que sí es una realidad científica es que la infidelidad es un síntoma, algo que nos dice que hay que revisar la relación de pareja y hay que trabajar con ambos. Tristemente, cada vez hay más mujeres infieles y siempre ha habido muchos hombres así.

www.NancyAlvarez.com

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