Un asalto mortal a la base militar más grande de Malí. Atentados suicidas en Somalia. Una fuga armada masiva de una prisión en Nigeria. Aunque estos incidentes ocurrieron a cientos de millas de distancia entre sí, todos están relacionados, pues todos son parte de la creciente ola de extremismo islámico en África.

La atención del público estadounidense puede haberse alejado de los terroristas islámicos radicales, pero eso no significa que los yihadistas hayan dejado de sembrar muerte y destrucción. La reciente muerte del líder de Al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri tampoco puso fin a esta amenaza. Al contrario, los extremistas siguen propagando la inestabilidad y el caos por todo el mundo.

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Los afiliados de Al-Qaeda en la región africana del Sahel son algunos de los mayores peligros. En los últimos 15 años, grupos como Al-Shabaab y Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) han multiplicado sus ataques. Hoy están cara a cara con las fuerzas militares africanas y están cada vez más cerca de hacer realidad sus sueños de crear estados islámicos arraigados en la ley Sharia.

Los afiliados de Al-Qaeda están ganando terreno particularmente en Malí, especialmente cuando Francia retira sus fuerzas en respuesta al golpe militar en Bamako. Los yihadistas ya están convirtiendo al país en una plataforma de lanzamiento de ataques en toda la región, y el liderazgo de Al-Qaeda está feliz ante la perspectiva de victorias adicionales. Antes de su muerte, al-Zawahiri elogió a los extremistas africanos y los resaltó como un “digno ejemplo para… los musulmanes de todo el mundo”.

Los objetivos de estos grupos no se limitan a África. Son parte de la misma red responsable de matar a miles de americanos, en el atentado de las Torres Gemelas de 1993, los ataques a las embajadas americanas en 1998, el atentado contra el buque naval USS Cole en el 2000 y los ataques terroristas del 11 de septiembre. Está claro que tienen la intención de atacar a EEUU una vez más. Y, con nuestra frontera sur fuera de control por las fallas de la Administración Biden, tienen una forma de infiltrarse en nuestro país.

Por eso no podemos permitir que los extremistas islámicos se apoderen de África. Afortunadamente, las fuerzas occidentales son los grupos antiterroristas más efectivos del continente. Fue el ejército de EEUU el que derrocó al líder argelino de Al-Qaeda, Mokhtar Belmokhtar en el 2015. También fue un ataque francés el que mató al emir de AQMI, Mohammad Droukdel, en el año 2020. Debemos continuar con estos esfuerzos.

Además, EEUU debe abordar los desafíos estructurales y las inestabilidades en África que generan extremismo. Incluyendo la pobreza y el estancamiento económico. Los gobiernos locales también se enfrentan a una creciente hambruna provocada por la guerra de Putin contra Ucrania, de la cual sólo los yihadistas se beneficiarán. A través de una ayuda exterior eficaz y responsable, podemos impulsar el desarrollo y combatir la corrupción que socava la capacidad de los gobiernos locales para luchar contra los terroristas.

Nuestros aliados europeos comparten la carga de las amenazas del terrorismo, y su sólida participación en la lucha contra esas amenazas son fundamentales. EEUU debería trabajar en estrecha colaboración con nuestros socios europeos y alentar un mayor compromiso. Un frente occidental unido demostrará determinación y aumentará nuestra capacidad para interrumpir y derrotar a Al-Qaeda. También promoverá la estabilidad en África y reducirá el riesgo de migraciones masivas y flujos de refugiados desde el continente.

Más ganancias para los terroristas africanos significa un sufrimiento terrible para los pueblos de Malí, Somalia, Nigeria y más. Al igual que un mayor riesgo de ataques terroristas contra EEUU y nuestros aliados. Occidente debe mantenerse alerta contra esta creciente amenaza y trabajar juntos para combatirla.

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