Hoy más que nunca admiro a Juan Pablo Guanipa.
Dejo como reflexión que sería bueno ser menos impulsivos y tratar de ser más justos, comprensivos y respetuosos
Hoy más que nunca admiro a Juan Pablo Guanipa.
Para Jorge Rodríguez ha de haber sido un momento demoledor. Él, que para montar una farsa tuvo que reclutar a una simuladora -que forma parte de la nómina oficial- para que actuara como madre sufrida de un preso político y mostrarla en redes -llorosa y con abrazo por delante- agradecida por haber respondido a sus ruegos y por su infinita piedad...
Para que pocos días después en contundente contraste, el gran “tequeño crudo” al salir excarcelado llenara de felicidad al pueblo venezolano que, al verlo con la valentía de siempre, así como también con la solidaridad y usual empatía, lo acompañara a un abrazo ineludible: el de los familiares de presos políticos que estaban en otra prisión, y que como él han sido incomunicados y privados injustamente de su libertad.
Esa situación hizo colapsar a Jorge y demás criminales sádicos represores. Juan Pablo Guanipa generó una explosión espontánea de afecto, la instantánea activación de la esperanza, el inocultable compromiso que olvidaba el peligro, lo que al régimen le hizo temer una manifestación masiva.
La breve alegría se convirtió en broma típica de venezolano. “Me acosté celebrando que Juan Pablo estaba en libertad y me desperté triste porque la dictadura lo secuestró”.
Pero la fragilidad de los que hoy gobiernan había quedado expuesta; bastante les pesa cada liberación ordenada por Estados Unidos.
Definitivamente hoy más que nunca debemos presionar por la aprobación de la Ley de Amnistía manteniéndonos muy vigilantes en las discusiones, cerrando filas junto a las ONG y personajes expertos que nos merecen credibilidad, siguiendo cada debate y el proceso de redacción.
Ahora Juan Pablo Guanipa está en su casa en Maracaibo adonde fue trasladado luego de un operativo armado absolutamente irregular. Tenía casi dos años sin poder dormir en su cama, sin tiempo de estar con sus cinco hijos y sin siquiera vivir el luto por la muerte de su esposa porque tuvo que recluirse en clandestinidad y después fue apresado.
Las declaraciones de Juan Pablo inmediatamente a su excarcelación se refirieron siempre al amor por su país y su familia, a la convocatoria de unidad, a la paz y la lucha por la recuperación de la libertad y la democracia. Entre ratos pudo compartir con la gente en la calle que espontáneamente convirtió su trayecto en una hermosa caravana de motos que le permitieron recibir cariño y agradecimiento.
Luego de esta nueva e injusta reclusión de casa por cárcel que lo mantiene ahora con un grillete en el tobillo y con prohibición de dar declaraciones, quien ha hablado es su hijo Ramón: “La libertad es una voluntad y una decisión. No podemos ser libres porque alguien más nos lo diga. Somos libres desde que lo decidimos. Si nosotros mismos empezamos a ver como un crimen hablar, entonces ¿cuándo termina la dictadura? Pues termina cuando tú lo decides. No porque alguien más nos lo dijo. Mi padre no puede ser culpado, no puede ser descontextualizado solamente por dar unas declaraciones. Él no es un criminal”.
Juan Pablo Guanipa ha llevado al régimen a cometer un error, dejando expuestas, además, las diferencias internas entre las cabezas principales.
También tristemente fueron exhibidas algunas miserias del lado opositor; actitudes injustas y desagradables, de esos que llamamos managers de tribuna, que no han jugado un solo partido de pelota pero que se creen expertos. Son personajes que incluso han llegado a ser divertidos pero que en la política no han pegado una.
El problema con esas opiniones es que pueden ser destructivas; que al ser expuestas en redes sociales son útiles para laboratorios sucios cuyo principal objetivo es hacer daño a la causa libertaria.
Tal actitud también resulta irrespetuosa y estéril porque al final, de nuestro lado nadie ha escapado a algún tipo de sufrimiento.
Esos habladores de gamelote han insistido en que Guanipa ha debido esconderse en silencio; algunos han llegado a calificarlo de imprudente.
Son actitudes que nos dividen, que propician que los venezolanos en el exilio sean señalados por pretender dirigir la política venezolana a kilómetros de distancia, situación en la que pagamos justos por pecadores (aunque también otros tantos, dentro de nuestro territorio también han hablado paja).
Dejo como reflexión que sería bueno ser menos impulsivos y tratar de ser más justos, comprensivos y respetuosos. A ver si vamos aprendiendo que en nuestra inmadurez y/o egoísmo nos hemos convertido en el trapiche de muchos líderes que han arriesgado su bienestar, su libertad y su vida por Venezuela, y que, sin una pizca de agradecimiento ni piedad, los hemos juzgado y sentenciado.
Esa es la actitud que celebran los hermanos siniestros porque es exactamente lo que necesitan.

video